El Bulevar de la Vida

Ahora sí que somos pobres

 


 

           

            Pobres, lo que se dice pobres, siempre hemos sido los dominicanos. De pan, de alma, amor o espíritu, pero pobres.

            Sin embargo, una cosa es la pobreza y otra mucho peor es la incertidumbre del atraco, el sentimiento de impotencia, ese jodido pronóstico de la muerte, alarma de ser y estar vulnerable y solo ante el peligro inminente como el sol, seguro como el morirse, pagar impuestos (o volver a verte).

            Ahora sí, que somos pobres.

            La delincuencia, de tanto ser mimada, promovida y estimulada desde el poder con sus inconductas celebradas; la misma que hace muchos años arrasaba con nuestros barrios empobrecidos, ha bajado a los centrales polígonos de todas las ciudades del país, desde Santo Domingo a Santiago, desde Baní a La Vega.

            Ahora sí que somos pobres, sin poder dormir hasta que la Paola mayor regrese del bonche juvenil.

            Ahora sí que somos pobres y andamos todos esquizofrénicos y acoñaditos de miedo.

            Las estadísticas están ahí para que lloremos juntos, pero no teman, no voy a torturarles.

            La delincuencia, como los amores impertinentes ha llegado para quedarse y no hay forma ni manera de que el Estado lo enfrente con mínimo éxito.

            Comencemos por el trujillismo celebrado de un país supuestamente antitrujillista, pero donde al director de la Policía le llaman “jefe”, y despacha con el Presidente de la República y no con su ministro.

            Somos, como pocos países del mundo, una aldea con Metro y Ipad donde el ciudadano al ver una patrulla policial se asusta y pone el celular en OK por si hay que llamar a un general amigo (preferiblemente del Ejército) para que lo salve del asalto/extorsión/picoteo.

            ¿Cómo tener éxito cualquier plan de seguridad, cuando la población teme más a quien debe cuidarlo de los delincuentes que a los mismos delincuentes?

            Claro que hay que comenzar por la Policía, pero pasando por el barrio, el empleo, la familia, el cura del barrio. Si no es recuperable la Policía que tenemos, ¿cuándo comenzaremos a formar la nueva?

            Sin riesgos de patria invadida ni nación  en guerra, qué hace un país con grupos élites en las Fuerzas Armadas bien entrenados y mejor equipados, mientras su población se desangra, no solo de necesidades materiales, mala alimentación, desempleo o ambiente de insalubridad, sino además y sobre todo de inseguridad ciudadana.

            Somos un país tomado por la delincuencia. Si no te asalta el delincuente común, te asalta una patrulla policial “porque los muchachos solo ganan RD$5,000 y tienen que completar el salario con el dinerillo de la clase media». (En esta parte donde uno quiere recordarles los deslices sexuales de sus progenitores a quienes afirman que en el país la presión tributaria es baja).

            Algo hay que hacer y hay que comenzar a hacerlo rápido.

            Endurecer las pruebas psiquiátricas para conceder permisos de porte y tenencia de armas, apresar sin fianza a todo el que porte un arma sin permiso o sea encontrado armado –con permiso- pero en un lugar de diversión donde está prohibido hacerlo, y esto incluye a policías y militares.

            ¡Es tan difícil ubicar a los curas de los barrios, los Jesús de cada día, y empoderarlos y entregarles los recursos necesarios para que puedan hacer su trabajo de cristianismo del bueno, que de eso se trata la cuestión de Dios: de intentar ser bueno, perdonar y hacer el bien… hasta donde duela!

            Se me quedan sugerencias, y don Radha ya espera el bulevar, pero insisto en preguntar: ¿Es tan difícil? ¿Cuándo comenzamos?

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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