El Bulevar de la Vida

La sociedad del autoengaño

La educación es un tema que atraviesa todos los problemas nacionales y sus soluciones. Sin embargo, parecería que esa verdad de Perogrullo no está realmente aceptada, social ni gubernamentalmente.

            Desde 1988, por lo del gran consenso que fue el Plan Decenal de Educación, el país  tiene identificados los grandes problemas de la educación dominicana.

            Muchos temas son importantes para mejorar el sistema educativo nacional: la selección de lo que se va a enseñar, la calidad de las instalaciones educativas, el buen uso de la tecnología disponible, el involucrar a los padres en la educación de sus hijos, ¡Bien! Sin embargo, todos ellos son secundarios ante la importancia determinante y decisiva del Maestro, ese que por ahí anda “con el alma en una nube, y el cuerpo como un lamento…” que canta Patxi Andión.

            En la importancia fundamental del maestro como eje determinante en la calidad de la educación estamos de acuerdo los dominicanos por lo menos desde 1988 o antes. O sea, que hace 25 años que está sociedad y sus gobiernos manejan el dato y lo “consensuaron” en planes, cumbres, informes, diagnósticos… ¿Y qué hemos hecho para actuar en consecuencia? A partir de los resultados, digamos, optimistas, que poco, poco, casi nada.

            Salvo en lo que tiene que ver con el aumento de la cobertura escolar, poco ha avanzado la educación dominicana en relación con nuestro gran crecimiento económico de los últimos cuarenta años, de tal manera que más de uno de nosotros –hijos y nietos de maestros- podría parafrasear a George Bernard Shaw y afirmar con gadejo: “Mi educación fue muy buena hasta que mis padres cometieron el error de mandarme a la escuela”.

            Y si había alguna duda sobre la veracidad de todo lo aquí afirmado, mi dilecta doña Ligia Amada Melo, maestra de la vida toda, y actual ministra de Educación Superior, acaba de confirmarlo al decir: “a pesar de que el 90% de los profesores están titulados, una parte importante no domina los contenidos y por eso no se evidencias cambios en las aulas”. No más preguntas, magistrado. O sea, que lo nuestro ha sido por 40 años, puro allante y movimiento, decorao de fotos, populismo educativo.

            Somos la sociedad del autoengaño. El amor por las apariencias carcome a esta sociedad fantoche de poses y escenografía. ¿Hasta cuándo?  Queda aquí la advertencia. Y termino con un ejemplo que siempre cito: Después de 40 años de quebrar bancos impunemente, sólo después del derrumbe del hundimiento de los Bancos Baninter, Bancredito y Mercantil, y la intervención del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, (y organismos internacionales de la cosa, casi todos), solo entonces, ya digo, fue posible poner orden y respeto a las reglas de juego en el sistema financiero nacional, que es hoy más confiable y seguro que el amor de una madre dominicana… pero sólo después de esas quiebras… y 79 mil millones de pesos, con los que se hubiese creado la Universidad Nacional del Magisterio, y no antes.

            ¿Necesita esta sociedad, una quiebra pero institucional, una hecatombe de antifé, un joderse casi todo para poder reaccionar? No lo sé, pero a veces lo sospecho.

            Inseguridad, impunidad, desempleo, populismo, violencia, reinado de la ignorancia, la familia hecha pedazos, una mujer que muere por su derecho a olvidar, ay, don Radha, que la realidad y sus sombras nos están meando encima, pero nosotros insistimos en creer que llueve, llueve… llovizna.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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