El Bulevar de la Vida

Argentinos del Caribe

 

         En medio de la crisis argentina, alguien preguntó a Cabral por sus razones, y Facundo contestó: “es que aquí los jóvenes quieren ser gringos y los viejos se sienten europeos. Cómo puede marchar un país donde nadie está en su lugar”.

         A partir de esto, digamos que los dominicanos somos unos argentinos caribeños que cambiamos el tango por la bachata, -igual de triste-, y al Papa humilde por máquinas purpureas de restar feligreses… Y así nos va, nos está yendo, don Radha, que aquí nada ni nadie está en su lugar, y entre todos, con los años nos hemos ido montando un tinglado de hipocresía y cinismo que llevará al país al caos si no es que ya estamos en él, (Mire un semáforo, mi don, que aquí solo falta que este año no gane el Licey y triunfen las Águilas).

         Hablo de un gris país, donde la partidocracia triunfal ni revoluciona ni libera porque es pragmática como un bombero, concentrada en hacer suya la siguiente frase: “En política se hace lo que conviene”.  Y surge la pregunta: ¿Conviene a quién?

         Así marcha un país donde nadie está en su lugar, insisto: Ni la iglesia que danza en su arrogancia, a pesar de su Papa; ni la partidocracia que reina en sus negocios; ni nosotros, periodistas que matamos a nuestros lectores/teleoyentes a puras notas de prensa, pensando con faltas de ortografía, y en unos medios de comunicación que hemos convertido en impunes prostíbulos de difamación, chantaje, vulgaridades y morbo, y lo que es peor, con apoyo suicida de lectores y teleoyentes.

         Hablo de un país donde parte del sector empresarial no quiere competir, crecer con innovación, creatividad, imaginación, sino teniendo a su disposición a un ejército de esclavos negros sin papeles y por tanto sin derechos, con salarios más deprimidos “que estas manos cuando se alejó tu cuerpo, y el mar lloraba. Moría la tarde”.

         Si nada de esto es suficiente, tenemos una “izquierda” que en vez de buscar caminos, alternativas de lucha duplicando esfuerzos, anda en las calles de Navarrete o San Francisco de Macorís buscando muertos, porque a la muy infeliz se le da mejor homenajear a los muertos que defender con inteligencia, sentido común y salud mental a los vivos.  (Es una izquierda a la que aún no le llega el tuit que anunció el fin de los doce años y la guerra fría, la caída del muro de Berlín, o los decesos de Stalin, Mao o Enver Hoxha).

         Ocurrió ayer entre Navarrete y San Francisco: como falta un puente, hay calles sin asfaltar, apagones, y todavía está en el Congreso el drama de  Loma Miranda, los señores escogieron como método de lucha el salir en bandas motorizadas a entrarle a tiros a las oficinas del Estado, o sea, a las propiedades del pueblo dominicano. Y llegaron los muertos. ¿A manos de quién? Dios lo sabrá. Al fin, son dos bandas enfrentadas: Una buscando un muerto, y otra sin discernimiento ni capacidad, salario ni voluntad para manejar estos enfrentamientos.

         ¿Qué hacer con un país a oscuras donde salvo las perfectas colinas, las exactas concavidades gemelas de esa muchacha, ¡ay!, nada está en su lugar? No hay espacio ya, y don Radha espera.  Mañana sigo. Con permiso. 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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