El Bulevar de la Vida

La patria somos todos

 

 A S.M.B. mi patria más verdadera.

             ¡Que la patria somos todos, oiga usted!

            La patria es el vecino, el vendutero, el Policía, un mendigo sin fe, un jornalero sin risa, el señor don del dinero, Luisa y su hermana, José Manuel y sus primos. Todos somos la patria: ese mar, este beso,  la brisa, esta Sophia y su madre bendita.  

            Si como dicen los manuales y canta algún poeta, “la patria es ara y no pedestal”, algo que se defiende y no se traiciona, quiero yo preguntar y pregunto: ¿quién traiciona una patria? ¿Quién? A ver: es traidor de patria quien  pretende asesinar civilmente a 30 mil o a 300 mil ciudadanos hijos de esa patria, o quien se opone al genocidio de unos hermanos que no han respirado otros aires más que el tuyo y el nuestro, tu verde y su polvo, su dolor, tu alegría.

            (Tenga cuidado, señor. Modere su entusiasmo. Yo también puedo recordarle la suya, pero no lo haré, que el insulto, ay, es apenas un eructo verbal que se nos escapa cuando nos ha indigestado un argumento que no sabemos ni podemos rebatir con ideas).

            Abra los ojos. Aquí no hablamos de “salvar una patria” sino de asesinar a un hermano. Pero puestos ya a la labor, bien, defendamos la patria. Adelante que ella espera: Comencemos por hacer cada uno lo que tenga que hacer en su familia, en su trabajo, en la esquina, ante la compañera de vida.

            Venga, venga, vamos a “salvar la patria”. Paguemos impuestos. Ah, y usted señor gobierno, que administra el Estado según me cuentan, a ver si aplica una ley que prohíbe contratar trabajadores extranjeros si ellos no poseen un permiso de trabajo, y además establece multas para el “patriota” empleador medieval y usurero que lo hace. Venga, ombe, vamos a salvar la patria. Vamos a deportar a los miles de extranjeros cuya entrada al país permiten, no el Centro Bonó sino las mafias civiles, empresariales y militares; y todo para que exista una mano de obra hambrienta, barata por ilegal que haga “rentable”, asquerosamente rentable, una finca, una construcción, un ingenio…

            Vamos, que la patria peligra.  Y así, en las próximas elecciones votemos por el mejor candidato, sin tomar en cuenta si es un comprador de votos con el dinero del erario o un lavador del narcotráfico. Vamos, y que el peor candidato, el más ladrón, lavador y mal padre, ese, el más petulante miembro del PLD o del PRD, corrupto por auditoría visual y hasta por documentos de autenticidad probada, no le gane unas elecciones a Ramón Ventura Camejo, a Guarocuya Félix, o a Virgilio Bello Rosa, ¡Ah!, Don Virgilio. Y que un cultivador de animales en su patio, o un lavador tintorero consumado, no venzan cien a tres a Don Negro Beras allá en Santiago o donde quiera en unas quiméricas elecciones. La patria es un sueño que entre casi todos traicionamos cada día… y llega el otoño.      

            Es urgente. Venga, venga, salvemos la patria… comencemos por impedir que una sentencia que nos regresa a 1933, a unos apellidos de ascensores, y humilla –burlona- a Nelson Mandela-, asesine impunemente a 22 o a 300 mil hermanos dominicanos. 

            Venga, venga. Defendamos la patria, (himno y bandera, bien), pero sobre todo defendamos a su gente, “primero la gente”, y entonces… “manos a la obra», señor Presidente.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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