El Bulevar de la Vida

A mis abuelos negros

“Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no tengo ganas de vivir, corazón!” Cesar Vallejo.

 

            La inmensa mayoría de los dominicanos somos andaluces pasados por Africa, etíopes y gaboneses amamantados por la loba de las noches de Cádiz, Málaga, Asturias, Canarias o Sevilla.

Porque somos los nietos de esos abuelos, y en nosotros está Lemba y está también Don Bartolomé, el de Las Casas.

Porque no sólo El Quijote nos persigue y nos protege, sino también, por La María Magdalena y también por Yemayá, ¡buenas damas!. Por  el tambor que nos alegra y nos da vida, por su ritmo y su alegre nostalgia, por su vocación para la felicidad.

Por los abuelos, por los hermanos negros de una nación mulata y alienada en english, avergonzada de su negritud con su «texturizado» a cuestas. Porque hemos adorado hasta el ridículo a la Madre Patria, que a veces sólo ha sido una puta madre, y nos hemos olvidado, avergonzados, de nuestro ser mulato, de nuestro negro Padre de la Patria, que no son los tres mulatos conocidos, sino el abuelo negro al que cantó Nicolás Guillén en su Balada de los dos abuelos, léanlo, por favor.

 Porque somos los hijos del hambre y el olvido, de la pobreza y la explotación. Porque somos lo que el colonialismo fue sembrando a través de cinco siglos.

Y si esto no fuera suficiente, aclaremos de una vez, que esta pobreza material y cultural no nos la mandó Dios, que por ser Dios era ateo, ni Checherén, que era comunista de los de antes, sino la monarquía europea y más tarde sus representantes criollos, -peores-, y después el vecino del Norte “poderoso y brutal”, y otra vez los lacayos criollos acomplejados y crueles; hablo de ellos, los que nos enseñaron a esperar siempre al Maná, a justificarnos en nuestros errores, a echar siempre la culpa exclusivamente a los demás, en pelota, amor o en política y en eso estamos: viviendo nuestra Edad Media  democrática que tanto nos dura, joder.

Al abuelo negro y sus nietos negros, mi lamento de mulato descafeinado, por tanto olvido, tanta exclusión, por tanto prejuicio y tanta, tantísima ignorancia.

Un agradecimiento sin fondo, mi mayor abrazo, mi más tierno beso; en fin, mi humilde, inutil e insignificante reconocimiento a mis abuelos negros, porque sin ellos yo  estaría incompleto, desconsolado sin norte y sin camino, y no tendría bachatas ni son, ay, no quisiera tanto ni soportara tan feliz a Vitico y a Pavel, ni amara el andar y el buen ver las mulatas y sus cuerpos sin receso, ay.

            Sin mis abuelos negros, por no tener, no tendría ya ni sueños propios, sueños dominicanos, porque ahora, según me acaba de informar Camilo Venegas, en La Cuesta, los sueños se dictan en un portal que aparece en Google para Thansgiving y se venden en especial en el Blac Friday. “Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no tengo ganas de vivir, corazón!” Heces. Cesar Vallejo

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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