El Bulevar de la Vida

“… y eso es peor que estar muerto. Dígamelo a mí”.

             Pobres, lo que se dice pobres, siempre hemos sido pobres. Pobres, pero casi felices en las caricias existenciales que esta nacionalidad nos regalaba cada tarde.

            Pobres, lo que se dice pobres, siempre hemos sido pobres, solo que antes vivíamos –casi felices- inmersos en el barrio o el club, teníamos nuestros héroes y nuestras cosas.

            Estábamos jodidos política y económicamente, eso sí, pero éramos felices de ser lo que somos, ni más ni menos. Se “cerveceaba” en La Casa, había boleros y sueños y todavía las muchachas se dejaban enamorar con un poquito de resistencia.

            El siglo XX nos regaló el esperpento de satrapía que fue Rafael Trujillo Molina y su Era, nos trajo Doce Años de sangre, pero también nos mandó al azar la estirpe de Minerva Mirabal, la verticalidad de Juan Bosch y sus siete meses en dignidad… y así fuimos tirando.

            Pero he aquí que la señora globalización, el mundo como un pañuelo, y las poderosas armas de la tecnología y los viejos y nuevo instrumentos de colonización pacífica, van convenciendo cada día a más dominicanos que no vale la pena y es una vergüenza SER DOMINICANO.

            Y debe ser triste, muy triste, dejar de sentirse dominicano y a la vez saber que no se podrá jamás ser gringo ni español.

            Debe ser triste no sentirse, no pertenecer, ay, eso, NO SENTIRSE NI PERTENECER a ningún lado, despreciar los amigos casi hermanos, disimular la familia o renegar del bar de la esquina, y que tu propio gobierno y tu propio Estado renieguen de tu vida, tus hijos, tu historia, tu suelo y tu cielo.

            Cuánta nostalgia nos provoca a todos la distancia cuando de patria, hijas o amor se trata (perdón por la redundancia, Sophia). Por todo lo anterior, he vuelto a leer conmovido, y me he trasladado a las personales indecisiones de aquellos años donde hube de decidir si regresaba al país o me quedaba editando diarios bilingües, mecaniquiando en el sur del Bronx con mi hermano de toda la vida y siempre Rolando Villalona, o sirviendo de houseman del Hilton en Atlanta, Georgia.

            Por suerte, los libros como los grandes amores, salvan. Por eso, una tarde que jamás he olvidado, sentado en Las Ramblas catalanas, leí una sentencia de brujo de Gabriel García Márquez que me mostró el camino. En “El General en su laberinto”, Simón Bolívar le aconsejó al soldado Iturbide que minutos antes había pedido su consejo sobre regresar a México o continuar guerreando a su lado, lo que sigue. Dijo El Libertador: “Váyase, y váyase ahora que todavía es joven, por que un día será demasiado tarde, y entonces no se sentirá ni de aquí ni de allá, se sentirá forastero en todas partes y eso es peor que estar muerto. Dígamelo a mí”.

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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