El Bulevar de la Vida

La partidocracia y sus cosas

 

 

 

            Nunca he negado ser un derrotado de la alianza Bosch y Peña Gómez que nunca se realizó.

            Las miserias que todos llevamos con nosotros, el maldito ego en fiesta de disfraces, las debilidades humanas y caracteres demasiado fuertes (la dificultad que representa dos gallos en un mismo gallinero); todo eso impidió que una alianza Bosch-Peña se hiciera cargo de la nación dominicana y la condujera por caminos de progreso, la educación de feria y la estatura moral de estos dos titanes predicando con el ejemplo y la autoridad de su honestidad personal.

            Desaparecidos estos dos nobles de nuestra democracia, lo que se nos ha echado encima ha sido un sainete de mal gusto, la horrible cualquierización del ejercicio de la política y la administración, con sus honrosas excepciones o flores de fango como yo les llamo.

            Quizás como una expresión de esas históricas diferencias, llama a la atención las posiciones extremas de perredeístas y peledeístas. Posiciones negativas ambas para el ejercicio transparente de la política y el poder. Veamos:

            El PRD  es un partido deslenguado y franco hasta la autodestrucción, mientras el PLD posee una vocación para la diplomacia, que en ocasiones lo acerca al cinismo. El PRD parece desvergonzado y sin frenos, el PLD luce hipócrita.

            En el PRD pasa todo, y si no pasa, sus chicos se lo inventan. Justo lo contrario al PLD, donde también pasan horrores, pero nos lo niegan siempre, incluso cuando la evidencia es tan innegable como alguno de sus nuevos ricos, al fin, a ostentación fantoche de fortunas relevo de pruebas.

            El PRD, que es directo como un loco, espléndido de palabras como un enamorado en febrero, se canta sus vergüenzas publicamente como si fueran versos de Neruda para enamorar dulcineas.

            El PRD se destruye a sí mismo. El PLD intenta construir una imagen de niño bueno que lo retrata falso, artificial ante las grandes masas nacionales, que se han acostumbrado a votarles como “mal menor”.

            Al PRD le sobra centro cervercero con chicas “dadivosas”; confunde al país con sus locales partidarios; pero al PLD, aunque ha avanzado con su masificación, todavía le falta colmadón, algo de “oye qué rico, mami”, y  mucho de “que levanten las manos las mujeres que quieran compota”.

 

            El gran defecto del PRD es su vocación para la autodestrucción, el del PLD es esa fingida ignorancia de todo, esas poses de “yonofuí”, ese andar cínico por la vida como si fueran palomas en zinc caliente. Solo que es difícil argumentar contra el éxito y ahí es que el Profesor Fernández me derrota. La historia la escriben los vencedores.

            Así van los chicos de blanco y de morado. Nuestra partidocracia. Así nos llevan. Así nos dejan, inmersos en la etapa del mal menor, que siempre digo. O sea, que aunque le votemos, en Dominicana estamos huérfanos de partidos y de esperanzas.

            Menos mal que por lo menos existe el Club de los Pendejos. Algo es algo.

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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