El Bulevar de la Vida

Duarte, el olvidado.

 

      «No era un hombre triste, fue un hombre vencido en la gloria de sus sueños»     

            “Y al recordarlo hoy, junto a su noble pensamiento, sólo me atrevo a decirle: “Nos hundimos”, compañero”, tal que eso le cantaba uno a Duarte en Radio Santa María, hace ahora  mil años; aunque lo cierto es que con el montaje de cinismo y decoraos que se monta en el país cada año en las fechas en que se ha de honrar a Juan Pablo Duarte, se podría escribir una novela de ficción que superaría con creces las de Verne, y a todo lo escrito por Borges.

            “En julio como en enero”, escucha usted los lamentos de quienes con su vida y sus hechos han denigrado a Duarte hasta la caricatura y el amaneramiento. Son los mismos que, sin ruborizarse, con sus acciones y decisiones rinden homenaje a Trujillo, al autoritarismo, que es el verdadero padre de la patria dominicana, y esto no lo digo como provocación, sino a partir de su influencia en la mentalidad, la ideología dominante entre los dominicanos. Aquí, “Trujillo  somos todos”  y para demostrarlo, la sabiduría popular inventó la frase: “para conocer a Mandito, dale un carguito”, o sea algún tipo de poder. Por cada libro sobre Duarte y su apostolado de patria, hay 50 obras sobre Trujillo y su dictadura, sus maipiolos y sus horrores.

            Tal que aquí nos sobran los Trujillo, que vive en la psiquis de cada uno de nosotros, y Duarte no aparece, -perdido de pena en el laberinto infernal de su olvido, y sus destierros-.

            A tal punto hemos llegado, que ya no reconocemos, imitamos a nuestros grandes hombres, ni siquiera “cuando ya son nuestros grandes muertos” que dijo un Henríquez que ahora no me acuerdo.

            El cinismo y la pose han sustituido a los sentimientos patrios, que sólo llegan hasta El Masacre que  no es ya un río, sino una vereda común para que haitianos y dominicanos puedan reunirse en su pobreza a compartir sus desgracias, unas desgracias que, por cierto, unifican mucho, vaya a Dajabón en viernes y luego hablamos.

            Los muy señores rinden homenaje a Cristo en la misa del domingo, y de ahí, el político sale a planificar prevaricaciones, a crear empresas fantasmas para estafar al Estado. Otros se confiesan en la misa duartiana de enero, pero  al terminar ésta, salen raudos a buscar su “ración de Boa” del botín del Estado en forma de exenciones y en colindancias full con los político; el señor médico receta los medicamentos de las empresas farmacéuticas que luego le agradecen el gesto de maneras varias, buenos viajes, por decir; y el periodista pontifica sobre el patricio y la corrupción, pero “pica” más que un sol de agosto en la Plaza de la Bandera, o más que un pica-pica un 16 de agosto de nuevo gobierno en el Congreso. Por supuesto que generalizar siempre es errar. Claro que el sombrero ha de ponérselo sólo quien le sirva, pero en fin, que la gloria de Duarte no debería generar homenajes sino ejemplos.

            Digamos que no se trata de misas ni canciones panfletarias de las que uno escribía antes, sino de seguir los pasos de una vida ejemplar y pura… eso, don Radha, que “no basta el canto, -que no-, ni el sufrimiento; olvide el canto, -que si-,  siga su ejemplo”. Al fin, siempre es más fácil homenajear a los que fueron y no están, que luchar por los que están, quieren ser y no pueden. Con su permiso. 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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