El Bulevar de la Vida

La copa del Presidente

Del discurso presidencial lo que más me impresionó fue la copa.

            En una copa cabe toda la indignación del mundo.

            Romper una copa de agua, y más si es de cristal de Bohemia como esa, es como romper amarras o quemar las naves… y atreverse al amor, y a Dios que reparta suerte y Afrodita reparta besos. Aquí la palabra amor remite a los pobres, a los excluidos como se dice ahora, los que algún día, quién sabe, tal vez lleguen a ser hijos de Dios.

            El que el Presidente, emocionado, al finalizar su discurso se haya llevado de encuentro su copa de agua, es el presagio de que algo puede cambiar y de que al fin, (¿quién puede prohibir una dulce utopía de viernes?) al fin, ya digo, el PLD va a aprovechar su dominio casi absoluto de la política nacional y sus poderes casi todos, para hacer algo más que zurcir el país, tapar hoyos sin ir al meollo del asunto, que no es otra cosa que hacer carne y sangre el proyecto de nación que escribió y dijo mil veces el viejo sabio de Río Verde, al que llamaban Juanito.

            Claro, joder, claro que estoy hablando de una patria más justa, donde “ser corrupto no valga la pena, y ser honesto no salga tan caro”, que diría Sabina si fuera dominicano.

            La copa, aún sin vino, es una esperanza. Se comienza, emocionado, rompiendo una simple copa de agua y se termina haciendo lo que realmente nunca se ha hecho y  desde Duarte se ha debido hacer, o sea, construir el país de una sola élite: la del trabajo; la patria de una sola aristocracia: la del esfuerzo honrado y “los jardines colgantes de Babilonia”.

            Por ahí vienen los pactos, (educativo, eléctrico y fiscal), Presidente. Defienda en ellos  a los excluidos de siempre. Al fin, usted los visita entre domingos. Hablo de “los humildes, los del montón salidos”, huérfanos de partidos, curas ricos o políticos con caspa… y si quiere que entre el mar. Y que los “poderosos”, esos que se creen verdaderos  “dueños del país”, si se mueven, no salgan en la foto. La Constitución le protege. El pueblo espera y le apoya.

            Por 40 años, el PLD soñó gobernar casi absolutamente el país y, más o menos democráticamente, lo ha logrado. A ver ahora, qué carajos va a hacer con ese poder. Romper, emocionado, una copa de cristal de Bohemia al finalizar un discurso de rendición de cuentas es un buen comienzo. 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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