El Bulevar de la Vida

Fusionando un genocidio. Un genocidio fusionado. Un apartheid imposible.

Comencemos por reconocer que si la primera víctima de la guerra es la verdad, la víctima number one del fanatismo es la razón, la sensatez.

Tal que según las autoridades son unos 60 mil seres humanos, todos nacidos en el territorio de la República Dominicana desde 1929 hasta enero de 2010. Gran parte de ellos, hijos de ciudadanos haitianos que desde 1910 el Estado traía al país para el corte de la caña, mediante un contrato de trabajo y permiso de residencia para tal fin y por período de un año, y que en uno de sus artículos decía que a menos que una de las partes lo denunciara, dicho contrato se renovaría automáticamente.

Por la vocación al latrocinio que desde entonces marcaba las actividades de muchas de las gentes al frente de las agencias estatales que tenían que ver con “la cosa”, (eso de robar desde el Estado es tan viejo como el rascar), estas mafias gubernamentales en vez de renovar cada año ese contrato, preferían traer nuevos obreros cada vez, “soltando en banda” a los trabajadores que habían traído el año anterior. Pero como ninguna de las partes denunciaba el contrato como finalizado, éste se renovaba automáticamente, lo que daba a todos esos obreros de nacionalidad haitiana (aunque ellos mismos no lo sabían y en ese entonces a nadie le importaba) un status de absoluta legalidad.

Así se fueron formando familias. Así fueron naciendo en territorio nacional unos hijos de extranjeros que no han podido estar “en tránsito” durante toda su vida, sencillamente porque es humanamente imposible.

Hasta 60 mil almas nacionales corren el riego de que no les sean renovados sus documentos personales (cedulas y pasaportes dominicanos), a partir de una resolución de la JCE -que para ser objetivos admitamos que no hizo más que aplicar una sentencia “etílica y cantinflesca” de diciembre 2005, evacuada (nunca mejor dicho) por la Suprema Corte de Justicia-, que considera que esos señores han vivido durante toda su vida de tránsito por lo que no son dominicanos. O sea, que son apenas cadáveres civiles, despojos de la nada.

La sentencia del TC ha fusilado civilmente a miles de dominicanos, pero por lo menos se ha atrevido a decirle al gobierno (y es la parte positiva de la pieza) que no puede continuar permitiendo la fusión pacífica de la isla a través de la entrada -sin normas ni reglas- de ciudadanos haitianos o burundíes, y todo por alimentar sus mafias civiles, militares y empresariales, y por ganar elecciones.

Si alguien piensa que, por un lado, los dominicanos vamos a permitir la fusión pacífica de la isla y, por el otro, el resto del mundo va a tolerar un genocidio civil, un apartheid de negra pobreza en esta media isla, está equivocado, tan equivocado que es necesario que mañana sigamos con el tema. Con su permiso. 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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