El Bulevar de la Vida

Leonel Fernández: bienvenida o maledicencia pero ya nunca jamás la indiferencia.

“Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo, o como dice el refrán: dar tiempo al tiempo”. Renato Leduc.

 En julio 2012, uno advirtió a Leonel Fernández de que a partir del 16 de agosto comenzaría a vivir los 18 meses más largos y terribles de su carrera política, y así ocurrió. Así han pasado los meses.

Transcurrió el mes 18, las mediciones mejoraron. Llegó el mes número 20 y entonces se oyó un rugido y comenzó a soplar el viento en redes, congresos y palacios.

Lo padecido por Fernández entre septiembre de 2012 a febrero de 2014, sólo él, su familia y sus más cercanos colaboradores lo saben. Pero era lo esperado en un país con las características presidencialistas como el nuestro, donde “a rey muerto, rey puesto”, o en plan monárquico: “el Rey ha muerto, viva el Rey”, que don Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Joaquín Balaguer e Hipólito Mejía bien que lo supieron.

Además, lo ocurrido a Fernández en estos veinte meses, era más o menos lo esperado: Con sus victorias electorales y su innegable liderazgo en el PLD y fuera de él -(perdido, eso sí, parte del apoyo de sus viejos amigos de la progresía periodística e intelectual que hoy lo insultan como si fueran venduteros del mercado de Villas Agrícolas)- el profesor Fernández hace tiempo que abandonó el mundo de los políticos de ocasión, de “a sigún”, y de “ven tú (como los músicos), para convertirse en una referencia de odios y amores apasionados, que es lo que caracteriza a los líderes, especialmente en las patrias bananeras donde gente con maestría y doctorado habla de “aigase”, “ello hay” y “havemos”. Es el precio de vencer, de crecer, en fin, de llegar a ser líder. Por ejemplo, al doctor Balaguer mi generación ni siquiera le reconocía su condición de poeta (lo que le ofendía mucho), aunque le haya escrito a la Lucía de todos sus amores, que de “tan lánguido, tan leve y tan sublime,
cual de la luz el tímido temblor;
es tu pie que parece cuando oprime
 que no tiene más peso que una flor, de una flor debió de haber nacido…”.

Entonces, lo ocurrido con el ingreso de Leonel Fernández a las redes sociales y en especial a Twitter, era de esperarse: A Leonel Fernández, la bienvenida o la maledicencia pero ya nunca jamás la indiferencia. Culpas son de un liderazgo nacional que ha traspasado el punto de la racionalidad para acercarse al fanatismo ¡Cuidado! de uno y de otro lado.

De lo que más carece hoy la figura política de Leonel Fernández, es de analistas enjuiciadores de sus acciones políticas pasadas o presentes, con cierta objetividad , mínimo respeto, salud mental y cierta estabilidad psíquica.

Hacia Leonel Fernández existe un odio visceral y frenético -en algunos lamentables casos con tintes de resentimiento o envidia- que lo hace culpable de todos los problemas nacionales habidos y por haber u ocurrir en los próximos siglos.

Pero, al mismo tiempo y otra vez: ¡Cuidado! para otros periodistas, académicos, analistas o intelectuales el hijo de doña Yolanda es el Dios inmaculado, imprescindible e insustituible en la presidencia de la República, al punto de llegar a creer que el profesor apenas está de vacaciones de su oficio de Presidente de la República. Si en la guerra la primera victima es la verdad, en el mundo del fanatismo y el fundamentalismo político o religioso, la primera victima es la racionalidad, el respeto, la contemplación del otro. Eso.

Precisamente, todo esto es lo que explica lo ocurrido esta semana a partir de la presencia de Leonel Fernández en las redes sociales: O bienvenida o maledicencia, pero ya nunca jamás, la indiferencia.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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