El Bulevar de la Vida

«…. porque lo mucho hasta Dios lo ve»

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«Por eso pasé de largo, detenerme para qué, de poco vale un paisano, sin caballo y en Montiel» A. Yupanqui. 

Leyes del poder. Habrá que buscarla entre las 48 leyes de Mr Greene, pero lo cierto es que al poder solo lo controla el poder. En el caso dominicano, digamos que al poder del Estado, los políticos y el dinero, debería controlarlo el poder ciudadano. Al fin, un gobierno sólo lo es por delegación expresa de El Soberano, que no es otro que el pueblo. Por lo menos eso dicen los manuales de la cosa desde Montesquieu hasta Leonte Brea. Lo que jode es que en el caso dominicano, el poder ciudadano, -como esos amores tímidos e indecisos-, ay, está pero no se expresa, no presenta sus credenciales de hastío e indignación como debiera, aunque los sienta. Es precisamente ese haber perdido la capacidad de sorprenderse e indignarse de buena parte del poder ciudadano, lo que dificulta cualquier transformación institucional que permita establecer reglas de juego para avanzar, para algún día, alguna primavera, llegar a ser un país civilizado que respete sus propias leyes y se respete a sí mismo.

La soledad del PLD.  Para colmo de males, en nuestro sistema político sólo una “cosa” parece un partido, el PLD, mientras no hay forma ni fórmula de provocar algún nivel de entendimiento entre los dos grupos perredeístas, o en su defecto el surgimiento de una revolución de sargentos mayores de entre sus bases y dirigentes medios, que arrastre con tanta inoperancia, impertinencia, ego enfermo y “verllover” del otrora partido de la esperanza nacional. Pero ¡qué va! Tampoco avanzan ni aprenden a guerrear bajo las leyes de la democracia y las urnas, las “izquierdas” atrapadas todavía en la dictadura del proletariado, el resentimiento contra los ricos, y el discurso marxista de barricada que no tuvo Marx ni cuando con su compadre, el señorito intelectual, don Federico Engels, escribieran juntos, y entre tragos de buen vino, el Manifiesto Comunista.

El poder del clientelismo. El peor clientelismo ha sembrado raíces en un electorado, no solo pobre sino además descreído y sin fe. A ese electorado preso de la dádiva cotidiana para vivir, debemos añadir la crisis de valores que abate a Occidente, sin utopía ni Dios y sin alternativas a un capitalismo cuyo triunfo sobre el socialismo real lo convirtió en más inhumano e insensible que nunca, con una burguesía financiera demoníaca que -gracias a Lehman Brothers lo sabemos- privatiza las ganancias si gana, y socializa sus pérdidas cuando quiebra. El escenario no puede ser peor para un país con una clase dominante sin sentido de nación o patria, y donde cada vez son más e importantes unos inmensos capitales sin ningún vínculo con el país, que van y vienen según soplen los vientos, las facilidades, exenciones y otros especímenes del favor político o la corrupción, que uno es “tonto tonto pero no tanto” y se ocupó de leer los Wikileads.

“Sin caballo y en Montiel”. Ante todo lo aquí expuesto, surge la pregunta: ¿y hacia dónde va el país? ¿’Pa dónde va el buey que no ara? “¡Qué poco sirve un paisano sin caballo y en Montiel!” Quizá lo ocurrido aquel viernes en los tribunales de la República, denunciado -con grabación autorizada por jueces y todo- por la fiscal del Distrito Nacional Yeni Reynoso, es una buena muestra, un botón de sangre ética en el corazón del país, digamos el que faltaba para el “nomás”, honorables y excelencias. Ojalá y el sometimiento a la fiscal del Distrito de parte de una jueza llegue hasta las últimas consecuencias.

Ojalá y en un acto de genuflexión ante el Poder o de solidaridad mal comprendida y peor ejecutada, un juez condene a la doctora Reynoso aunque sea a una semana de prisión, aún domiciliaria. Sería fantástico, casi orgásmico, una cosa entre mística y bíblica, “el cantar de los cantares” a ritmo de bachata, que la fiscal del Distrito Nacional se convirtiese en la primera funcionaria de importancia que los tribunales de la República condenan en décadas de partidocracia reinante. Una partidocracia en franca competencia por el banderín de la impunidad y la corrupción permitida. Sí. Sería fantástico esa sentencia, justo en el país donde cada cuatro años la auditoría visual condena a decenas de señores, pero nunca jamás un tribunal de la República. Por algo, la que sigue es la frase más pronunciada de los últimos años, y para quien desee escucharla la repito: LO MUCHO HASTA DIOS LO VE. Joder, LO MUCHO HASTA DIOS LO VE.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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