El Bulevar de la Vida

STOP

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Los frutos. Tantos años de corrupción en aumento, de impunidad celebrada y cada vez más difundida por unos medios de comunicación que ahora solo tienen que visitar portales para hallar indelicadezas (¡y qué bueno!) tenian que dar sus “frutos”: En materia de inseguridad ciudadana y anarquía, el país ha tocado el fondo. Un fondo que abarca desde un semáforo o calle de una vía a la que nadie respeta, hasta las medicinas vencidas y/o falsificadas de Moca, o los accesorios robados a automoviles y que son vendidos en absoluta impunidad en algunos establecimientos de la calle 20 del Distrito Nacional.

La partidocracia. Entonces no se trata de haber “apagado el jacho” o de haber “quemado una bandera morada con una estrella amarilla”, no. El asunto es grave, más grave, es muchísimo más grave. Es peor, porque remite a más de una generación de dominicanos que entre 1978 y 2012 ha ido llegando al poder para supuestamente “crear ciudadanía” y “fortalecer los valores de la democracia” y, ya ven, nuestro mayor logro ha sido apenas “democratizar” el robo, y acentuar como nunca la impunidad más fantoche y descarada. La sociedad dominicana se hunde éticamente, no tanto por las acciones en sí como por la magnitud de las desvergüenzas y el nivel de exhcibicionismo que remite a auditorías visuales de bochorno.

¿Tiene límites la impunidad? Una fiscal, vencida en su impotencia, denuncia en medio de una audiencia la vocación estercolera de parte del sistema judicial dominicano. Esa fiscal, la del D.N. para más señas, es demandada por una jueza que se considera difamada por sus palabras, por lo que para evitar ser condenada por los tribunales deberá la funcionaria del Ministerio Público demostrar en juicio lo afirmado (¡Y vaya que puede!). Hablo del nivel de descomposición de un sistema que como el resto del país ha “hecho aguas” ante una ciudadanía que, enterada del drama, se siente cada vez más desprotegida y vulnerable, indefensa ante quien precisamente existe para lo contrario, para defenderla y es hoy su verdugo por “picoteo” o por “intercambio de disparos”, sobre todo si se es presunto delincuente… pobre. Posiblemente, la República Dominicana sea una de las pocas naciones del mundo donde a las 2:00 a.m., camino a su casa, usted se encuentra con una patrulla de la Policía Nacional y, asustado, busca el número del móvil del coronel Mateo Moquete, reduce la velocidad de su auto, manipula su pistola, se encomienda a la María Magdalena, y saca una papeleta de 500 pesos que le podría salvar la vida.

Morir de éxitos. Entoces uno no estaba hablando “caballá” cuando hace unos años advirtió y pronosticó “el morir de éxitos” del exitoso PLD. A esto ha llegado el partido morado, hoy tan poderoso, tan sin oposición, tan venerado y victorioso, que en casi catorce años de gobierno, su invento de una fiscalía adjunta para prevenir y perseguir la corrupción (DEPRECO, DPCA, PEPTOBISMOL o como se llame ahora) ha sido incapaz de enjuiciar y permitir que el sistema judicial condene a uno solo de sus ex funcionarios, si este es minimamente importante en la nomenclatura peledeísta. Por eso, tiene uno escrito por ahí, que una democracia no puede seguir llamándose democracia por mucho tiempo, si en todo el sistema político una sola cosa parece un partido. Quizás nadie va a “sacar a los heroes de su tumba”, como sugiere don Pedro en su poema nacional, pero lo innegable es que si a este estado de cosas que padece la sociedad dominicana no se le pone un freno, un STOP, más temprano que tarde “habrá sangre de nuevo en el país” y los años que a mi generación le restan de vida no le alcanzarán para lamentarlo, como un Jeremías bíblico muertecito de vergüenza histórica… “o simplemente de vergüenza”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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