El Bulevar de la Vida

… Y LA VIOLENCIA BAJO DEL BARRIO

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Malvenida la violencia. Mientras el siglo XX decía adiós, a los barrios más empobrecidos de República Dominicana y especialmente a los del gran Santo Domingo y Santiago llegaba imponente la señora violencia y su hija menor la delincuencia. Para entonces, el “secuestro expreso” y el “sicariato” eran sólo cosas de locas maras centroamericanas o “profesionales” de los carteles colombianos. En sus barrios, el país dominicano de los pobres era arreciado, no solo por las carencias materiales de siempre, sino por la inseguridad, por la incertidumbre de la vida o la muerte que se respiraba en sus calles, mientras en los polígonos centrales, en las zonas “bien” de Santo Domingo o Santiago, el más leve hecho de violencia, (hablo del robo chapucero de una cadena o un celular) aún era noticia que indignaba y que por extraño, inusual era noticia en los telediarios.

El Siglo XXI de las orfandades del ser. Y así llegó el siglo XXI con sus postmodernidad sin Dios ni Marx y con la familia tradicional hecha pedazos, mientras la corrupción y la impunidad pública y privada seguían su agitado curso creciendo como la verdolaga. Y así se fue “democratizando” la corrupción pública y privada, que de gobierno en gobierno fue haciéndose más exhibicionista, chulera y proxeneta cada vez, además de fácilmente verificable con una simple auditoría visual que ha resultado ser más exacta que las auditorías de la Pricewaterhouse Coopers. Pasaban los años, seguía andando el nuevo siglo, y resultó que un buen día “andando de benteveo”, los señores que vivimos en “lo claro”, nos encontramos de frente con nuestra nueva realidad: La violencia había mudado sus cuarteles desde el bario pobre y olvidado hacia el polígono central de Santo Domingo o Santiago, y de ahí a cualquier lugar del país.

 

La sonoridad de las clases medias en los medios. Ante el aumento de la violencia y la inseguridad ciudadana en el polígono central, sociólogos y periodistas pensaron que la violencia había aumentado en todo el país, pero las estadísticas lo negaban. Y así se llegó al descubrimiento del “hilo en bollito”: No. Cuantitativamente, la delincuencia no había aumentado en el país, pero sí cualitativamente, (por lo sonoro de cada caso de gente “sonora”). Había ocurrido que ante tanta impunidad y “democratización” del delito, este había cambiado de barrio y perfil socioeconómico de sus víctimas, había “bajado a lo claro”, y se había asentado arrogante y burlona en los semáforos y los Mall, en las aceras de los restaurantes de moda, las discos HI y los drink-go de las zonas “bien”. Mientras los asaltos ocurrían en la esquina de Rafelito, en Capotillo, importaban poco. Mientras morían los hijos de Mela y el sobrino de Angito, el sastre, en la entrada del billar de Moreno, en La Ciénaga, tampoco. Pero tanto descuido e indiferencia gubernamental provocó lo inevitable: La violencia bajó hasta los barrios “bien” para quedarse a hacer el mal, y al fin fue noticia el dolor porque era y es el llanto desesperado de los que desde su condición socioeconómica tienen voz propia y a veces hasta voceros. Posiblemente, nada de lo que hoy ocurre hoy en las “zonas bien” de nuestras ciudades es nuevo para el 90 por ciento del resto de sus habitantes, es sólo que hacia el polígono central viene bajando impune la violencia con su negro manto de muerte con su frío abrazo de dolor, y por las autoridades policiales con que cuenta el país podríamos decir que esa violencia y esa inseguridad han llegado para quedarse.

¡Y ahora sí que somos pobres! Nada tan miserable y cruel como el sentirse vulnerable en la maldición que la incertidumbre y la inseguridad suponen. Ojalá y nos sirvan estas sombras para valorar el sol de la convivencia pacífica, de la tolerancia y el respeto a los otros. Los males de esta sociedad no han aumentado tanto como podríamos pensar por la solidaria cobertura periodística de los hechos que involucran a la gente bien relacionada con los medios, no, en realidad lo que ha ocurrido fundamentalmente es tan solo, justo y lo que advertíamos en un bulevar del 16 de septiembre de 2004: “¡Cuidado! La violencia está cambiando de casa y escenario, y esta bajando a lo claro…” y bajó.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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