El Bulevar de la Vida

El Maestro

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Eugenio María de Hostos. 

“Con el alma en una nube y el cuerpo como un lamento”. Patxi Andión. 

La Paola menor escucha a Chopin. Cuando cumplió sus tres años, la madre de la Paola menor, Leslie, la llevaba a cada grabación de su programa en el canal de televisión donde también nosotros trabajábamos como comentarista y conductor. Para entonces, parte de la diversión de los técnicos del canal consistía en colocar en los altavoces del estudio temas de reggaetón o como se llame, con letras vulgares y disparatadas, pero que la Paola bailaba y disfrutaba como si un merengue de Luis Alberti fuera, para poder extasiarse a disfrutar la “cuerda”, mi cara de preocupación y enfado. Era un bufeo amistoso a un padre que en agosto 2000, cuando la niña regresó de la clínica donde había nacido, la esperó en su habitación con un Mini CD Player que contenía un solo CD con música de Mozart y The Nocturnes de Chopin interpretados por Nikita Magaloff y Rubinstein. Ese CD sonó en esa habitación las 24 horas del día de los próximos tres años. Fue una estrategia músico-pedagógica correcta. Hoy, la Paola menor consume la música de su tiempo y de su generación… pero ya la flecha del buen gusto está en el aire. Por eso, hoy puede la Leslie distinguir “su” música, de aquella música que un Pa’ nada democrático a la hora de decidir sobre lo que conviene a una criatura de 1 a 5 años le “obligó” a escuchar los tres primeros años de su vida.

Música-basura VS. Vida-basura. En 2014, el drama de la “música” y más exactamente de las “letras” que consumen nuestros jóvenes no puede ser peor, con versos tan borgianos como el que “canta” un señor al que llaman Don Miguelo: “Ella no está enamorá de mí, pero le gusta cómo yo le doy”. ¿Qué lleva a una sociedad y su juventud a consumir feliz y arrebatada “cosas” como esas? El asunto no es sencillo pero en el centro está la familia o más bien su ausencia con sus valores perdidos. Y es que el verdadero problema de nuestros jóvenes no es la música-basura que escuchan, sino la vida-basura que padecen, la que los adultos les hemos ofrecido, y no hablo necesariamente de pobreza material, al fin y al cabo este país nunca ha sido menos pobre ñmaterialmente- que ahora mismo. No. El problema fundamental no es la pobreza material ñque es un problema- sino la orfandad familiar, los malos ejemplos, las malas señales de impunidad e inequidad que el Poder y sus élites envían a los más jóvenes.

La fiebre no está en las sábanas. La música-basura que escuchan nuestros niños no es peor que la vida-basura que muchos de ellos viven en sus propias familias, hechas pedazos por la separación física o emocional de sus padres muchas veces, además, irresponsables e insensibles. La nueva post modernidad, el mundo de la especulación y la red está arrasando con la familia tradicional, a tal punto que ya las relaciones son como los muebles de Ikea: útiles para ser usados con pasión por no más de cinco años, y luego echar a la cesta del olvido. La familia tradicional ha dado paso a la familia real, y no a la de S.M.D. Felipe y Leticia, sino a la predominante en la sociedad dominicana. El problema no son las letras vulgares y nauseabundas que escuchan nuestros hijos, sino la náusea que debería provocarnos una sociedad de niños huérfanos de pan, de papá y mamá, -e incluso hasta la llegada de Francisco al Vaticano y no antes-, huérfanos hasta de Dios si un Nuncio degenerado y hasta entonces impune y celebrado andaba cerca. Si la post modernidad, con la mujer al fin en el mundo laboral y los ciudadanos consumiendo para poder “ser” nos robó la familia que conocimos, recuperémosla entonces desde el único lugar posible: la escuela. La tanda extendida y el 4% E al fin respetado, son una gran oportunidad, y en el centro, como en el sistema finlandés, EL MAESTRO como una élite del esfuerzo y del amor, cada vez mejor pagado y más estimulado. Una élite de la vocación de enseñar y la inteligencia con disciplina.

La élite del magisterio
Rescatemos la escuela hostosiana, esa que hacía girar el mundo en torno a los valores familiares. Y además, ¡Ojo, presidente Medina! démosle a los jóvenes el buen ejemplo de ver que no hay impunidad para la corrupción pública o privada aunque ella haya financiado o no partidos, dirigentes, mulatas o elecciones. Hay que crear la élite del magisterio, y que de ese maestro -como de unos buenos padres-, venga el boche preciso, la disciplina, el conocimiento, el buen ejemplo, y sobre todo el amor. Al fin, lo que no aprendemos desde el amor, no lo aprenderemos nunca o lo olvidaremos pronto, tan pronto como se olvidan los amores de paso y sus caricias de emergencia.

Si la post modernidad nos robó la familia tradicional, aún nos queda El Maestro… “con el alma en una nube y el cuerpo como un lamento”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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