El Bulevar de la Vida

El país nacional como paciente

 

Malos cirujanos y peores bateadores. Como los malos bateadores que se cuadran bien pero batean mal. Como los cirujanos malos, los dominicanos operamos bien pero se nos muere el paciente, lo asaltan a plena luz del día o su hija adolescentes es embarazada. El paciente de esta historia no es otro que el país nacional. Crecemos económicamente pero no distribuimos bien y repartimos peor.

            Los pocos empleos que genera la economía privada quedan muy por debajo del número de dominicanos que cada año se suman a la población económicamente activa. Gracias al Informe de Desarrollo Humano que elabora el PNUD, desde hace años los dominicanos sabemos que nuestro país es un portento, todo un ejemplo de crecimiento económico en el área; sin embargo y a pesar de ello, la pobreza y el desempleo, los apagones, la mortalidad materna, el embarazo de adolescentes, los feminicidios, y la inseguridad ciudadana son un rayo que no cesa y ciega de antifé a un país digno de mejor suerte. (Nos cuadramos bien con buen swing, pero luego llega la realidad y cual Pedro Martínez, El Grande, nos ridiculiza con su ponches que nos hacen lucir tan descolgados y “descangallados” y feos).

           

“Y es una deuda que tienes que pagar… ” Cada vez nos endeudamos más, hasta para pagar intereses de viejas deudas. La deuda pública se acerca peligrosamente a los 24 mil millones de dólares, pero en 36 años de gobiernos democráticos, la señora no ha servido para solucionar –definitivamente- uno solo de los grandes problemas nacionales, con excepción de la Educación, que como ustedes saben anda ahora muy bien encaminada y hasta esperanzada de Tanda Extendida, que es una especie de apasionado orgasmo educativo, ay. Sumémosle a esto el grave problema de un modelo económico que prácticamente no genera empleos privados, y que más del 60% de los que genera no lo son, pues representan apenas “multipicoteos ampliados” que los burócratas de la economía llaman “empleo informal”, que no forma ni informa y deja al trabajador sin los beneficios que ofrece la seguridad social, que serán exiguos pero algo es algo.

 

Como se pagan las deudas del amor”.  Gracias a un informe reciente del CONEP sabemos que entre 2000 y 2012 en el sector privado del país sólo se crearon en promedio unos 4,800 empleos por año, y en el mismo periodo se duplicó el número de los que cobran en el Estado (98.7%), que no necesariamente significa que desempeñen una labor u ofrezcan un servicio en alguna institución. Mientras esto ocurre y el desempleo se asienta burlón en el 15 por ciento de los que pueden ser empleados, no hay forma de lograr evitar que cuatro de cada diez dominicanos vivan en la pobreza. Mientras tanto, y según advirtiera esta semana Ernesto Selman Crees (de los Crees de Romana), del año 2000 hasta abril del 2014 los compromisos de la deuda crecieron un 639%, lo que ha acercado al deuda pública del sector público No financiero a los 24 mil millones de dólares. ¡Zafa!

 

¡Ahora es! O será nunca. Este fantasmagórico escenario que aquí hemos descrito, conduce irremediablemente a la toma de decisiones valientes antes de que sea demasiado tarde. Por ejemplo, es urgente:

            A.- Una reforma integral con énfasis en impuestos progresivos que permitan reducir el pago de impuestos a los que tienen menos capacidad para pagarlos, procurando a la vez realizar una más justa distribución de lo recaudado para así lograr una mayor equidad social. A la vez, se trata de simplificar todo el proceso y papeleo de pago de los tributos, eliminando cuanto antes lo que se define como doble tributación, ofreciendo facilidades especiales a las pequeñas empresas en sus tres primeros años, y sobre todo creando altos impuesto a las ganancias descomunales que obtienen los grandes señores del dinero, tal y como lo ha planteado Monsieur Piketty en su obra Capitalismo Siglo XXI, que hay que leer ¡Ya!

            B.- Una profundización de todos los esfuerzos de transparencia en el gasto público, lo que se ha de realizar sin improvisaciones y debe incluir el que los Comité de Desarrollo Provincial definan con la sociedad civil las prioridades de cada municipio a partir de la disponibilidad de los fondos públicos, cuidándose el gobierno y los ministros de NO prometer lo que no están en capacidad de cumplir, que es la tea incendiaria y las justificación para actos de protestas que con razón realizan las comunidades, pero que luego son tomados como pretexto por bandas terroristas del narcotráfico para “marcar su territorio” e imponer su ley de violencia y sangre en barrios y callejones.

            C.– Finalmente, es urgente una Ley de Partidos que entre otras muchas cosas evite que una organización política requiera -por los menos- de tres a cinco mil millones de pesos para competir con alguna posibilidad en unas elecciones generales, lo que en el caso de un partido gobernante puede quintuplicarse a partir del uso político del Presupuesto Nacional lo que, sumado a los niveles de corrupción (por lo menos a partir de las auditorias visuales y el allante) e impunidad, resta autoridad moral y legitimidad al Estado para aumentar los impuestos a los poderosísimos señores dueños del país.

            Hablo de un estado pequeño y fuerte, una ley de partidos y un código electoral que eviten que el día en que la oposición pierda unas elecciones por menos de 50 mil votos ocurra un baño de sangre entre hermanos, algunos jodidos e insoportables, como advierte Cabral, si, pero hermanos.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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