El Bulevar de la Vida

Ley de Música: Fomento y difusión, no imposición.

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Menos mal que Manuel. Si la iniciativa del proyecto de ley sobre la música dominicana no hubiera surgido de un honorable diputado, mejor ciudadano y excepcional cantautor, mi dilecto Manuel Jiménez, uno hubiese pensado lo peor. Pero la presencia de Manuel en esa iniciativa legislativa salva y excusa al proyecto de los tufos autoritarios y los resabios trujillistas que pudiera uno encontrar en el texto. Manuel es una garantía de buena fe y mejores intenciones, pero con buenas intenciones, ay, sólo se escriben malas novelas: De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

Buenas intenciones VS. Caminos del infierno. Las buenas intenciones de este proyecto de ley consisten en proteger, estimular, preservar e impulsar la difusión y calidad de la música dominicana a través de la creación del Instituto Dominicano de la Música, y de una Productora Nacional de Música, entre otras felices propuestas. Por otro lado, el camino del infierno del proyecto lo representa una imposición que viola los derechos fundamentales de los ciudadanos que consagra la Constitución. Hablo de que la música dominicana, el gusto hacia las obras musicales nativas, debe fomentarse y difundirse pero nunca jamás imponerse, y eso precisamente es lo que busca, pretende y propone el capítulo V de la pieza sobre estímulos e incentivos, cuando establece que las televisoras, emisoras u otros medios “deberán destinar por lo menos el 50 por ciento de su programación a difundir música criolla, y un 10 por ciento a la música clásica o de raíz folklórica y de tradición oral de autores, compositores y cantantes dominicanos”. Inaceptable. Lamentablemente, ese artículo V demoniza un proyecto parido desde la nobles y buenas intenciones de Manuel.

Libertad, incluso para joderse. Eso. El ser humano necesita la libertad, incluso para joderse. Claro que Don Miguelo es un pontífice del mal gusto, ¡quién puede negarlo! en especial cuando intentado cantar nos informa lo que no le habíamos preguntado: “ella no está enamorada de mí, pero le gusta como yo le doy”. Pero ante esta afrenta, al ciudadano siempre le quedará la libertad de cambiar de emisora o canal, respetando de ese modo el derecho que tiene la música urbana a existir, y es bueno aclarar que no toda la música urbana irrespeta a la mujer o fomenta la violencia. Una empresa fabricante de pinturas dice en su publicidad que para los gustos inventó los colores. Pues, mire usted que para esos mismos gustos la vida nos tortura con don Miguelo y el Lápiz, pero también nos regala al mismo Manuel en “Derroche”, a José Antonio y “Una más, ay, una más”, a Vitico y “La brisa de la tarde”, a Pavel marchando “Paso a Paso” rumbo al Gran Teatro del Cibao (allá nos vemos), y por supuesto nos regala la santísima trinidad de Serrat, Sabina y Silvio, que bien saben que la cobardía “es asunto de los hombres, no de unos amantes que piensan que inventaron el amor y guardan la llave del misterio 
a medias con el adulterio”.

Ni El ogro filantrópico” ni “1984”. Hay que cuidarse de “Ogro Filantrópico” de don Octavio Paz, o del “1984” de Orwell, que con el pretexto de la defensa de lo nacional y el chantaje de un falso nacionalismo, comienza intentando imponernos qué tipo de música escuchar, y termina imponiéndonos que bar de la zona visitar, o lo que es peor, intentado elegir por nosotros, ay, el color de los colalés de la santa amada. Por todo esto, del proyecto de Manuel me quedo con las buenas intenciones de proteger, estimular, preservar e impulsar la difusión y calidad de la música dominicana, y echo de lado convertido en desecho, el camino del infierno que representa atentar contra la libertad del ciudadano para elegir qué música escuchar, con la Constitución y las leyes como único límite y frontera.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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