El Bulevar de la Vida

Ley de partidos y patrocinio

El fantasma de la irresponsabilidad. Un fantasma recorre el país, es el fantasma de la irresponsabilidad de ciudadanos y Estado. De los argentinos en los tiempos de aquella crisis de “Corralito” y “notepago”, recuerda uno las palabras de Cabral: “los jóvenes se sienten norteamericanos y los viejos se creen europeos, cómo “querés” que funcione un país donde nadie está en su lugar”. En el caso dominicano todo es más grave. Hablo de un país donde el ciudadano (si puede) no respeta las leyes, y el Gobierno ni las respeta ni las hace respetar, que es peor.  La sociedad dominicana padece sus problemas y conoce sus posibles soluciones, sin embargo es incapaz de aplicarlas. El interés individual o grupal, partidario o empresarial, prevalece sobre todo, incluido Dios que, como se sabe, sólo es un dios cuando ama y la Magdalena le quiere. Cosas del amor, ustedes me entienden.

Ley de partidos para hacer pedazos la democracia. Por lo que ha venido ocurriendo en el país en los últimos procesos electorales, todo indica que nos encaminamos al surgimiento de un Poder Ejecutivo, un Congreso, un Poder Municipal bajo el control del narcotráfico y el lavado, o en el mejor de los casos, bajo la tutela absoluta de una plutocracia, que con su dinero decidiría los “representantes” del pueblo en Palacio, Congreso o ayuntamientos. Ante este panorama, digamos que la esperanza de un posible esfuerzo para evitar todo lo anteriormente expresado, comienza por abaratar y transparentar el ejercicio de la política y la lucha electoral. No es posible que para ser candidato con mínimas posibilidades de éxito, más que un hombre de bien con vocación de servicio, lo imprescindible sea la posesión de riqueza material, o en su defecto contar con los patrocinadores/ financiadores necesarios para tal cosa. Claro que hablo de fortunas legalizadas por el tiempo, o de riquezas ilegalizadas por la auditoria visual y el exhibicionismo más actual y fantoche. El clientelismo y la perdida de fe y confianza en los políticos de parte de la población viene desvirtuando lo que debería ser y fue la política hace apenas 20 años o menos. Hablo de fe y esperanza, de credibilidad, inspiración y utopía. Si para ser presidente, legislador, alcalde, es imprescindible el apoyo de inversores/financiadores, al ser electo, ¿a quién verdaderamente representaré, a mis conciudadanos o a mis patrocinadores?

“Avecilla trashumante”. Es por esto que, quizás, no deberíamos ser tan duros con las muchachas de “piel de manzana”, dueñas de infinita belleza y perturbadores cuerpos de diosa coronada… de pasiones, ay, que al igual que muchos de nuestros políticos se agencian su “patrocinador”. En el caso de ellas, ¡Dios las guarde! lo hacen ofreciendo la posibilidad del santo fornicio a su benefactor, pero en el caso de los político, éstos, al entregarse a los mandatos de sus patrocinadores, a quienes fornican sin permiso es a la sufrida y desamparada ciudadanía de la República. Seamos compresivos, “¡quién pudiera a ti salvarte, avecilla trashumante, peregrina sin amor!”.

¡Qué irresponsables somos, hemos sido! A partir de lo que ocurre hoy en la política dominicana, y del adefesio jurídico/ oportunista que con el nombre de Ley de Partidos pretenden aprobar los honorables perínclitos de nuestra partidocracia, el país va rumbo al jodido día, en que ya no sólo los grupos empresariales que el tiempo ha legalizado, maquillado y santificado, sino que los grupos del mismísimo narcotráfico y sus lavanderos (tan admirados y queridos en nuestros barrios y hasta en partidos) lleguen a controlar Gobiernos, congreso, ayuntamiento. Entonces, ante tanta miope irresponsabilidad, el único consuelo será saber que es viernes, y en algún lugar del cielo, en romántica serenata a la María Magdalena, por encargo del Señor, Rafael Colón canta: “Peregrina sin amor”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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