El Bulevar de la Vida

Un 2015 a la medida… de nuestros sueños y esfuerzos.

poesia

 ¿Y para qué sirve un poeta?  En una sociedad tan desalmada y sin camino como la nuestra no están bien vistos los poetas. Para muchos, desde los fines de la historia ellos han sido un lujo que paga la burguesía en libros o recitales para entretener al gentío en males menores, o para que les entretenga a ella en su ocio de confort y buen vino. El término “poeta” para algunos es despectivo y se utiliza mucho como arma de descalificación a falta de argumentos, pero sólo hasta que llega el momento de la patria o del amor. Y así, cuando en los años de la dictadura no existíamos en el mundo de los libres, fue un poeta quien anunció la presencia de un país “colocado en el mismo trayecto del sol. Oriundo de la noche. Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y alcohol.” Y cuando se comenzó a preguntar por esa patria, aconsejó: “No la busque no pregunte por ella, no quiera saber si hay bosques, trinos, penínsulas muchísimas y ajenas. O si hay cuatro destinos de bahías y todas extranjeras”. Se llamaba Pedro Mir. La poesía sobrevive a los manuales. El “Versainograma a Santo Domingo” de Pablo Neruda, explica mejor nuestra historia que los libros de los expertos, y todo porque ella nace del sentimiento y no de la razón. Por eso, existen escuelas de letras pero no de poetas. Quienes no comprenden que en la santa poesía está la vida, la esencia del ser, lo que fuimos y seremos, tampoco pueden entender los grandes porqués de la existencia: Si usted no sabe para qué sirve la poesía, posiblemente tampoco sepa para qué sirve el amor, una patria, una flor, un beso, unos labios que esperan. Y, como “quien no sabe de amor no sabe nada”, (según versículo de Manuel Jiménez), quien niega la poesía está negando la vida, o sea, que el pobre está muerto y no se ha dado cuenta porque no ha entrado a su Facebook ni revisado Twitter.

Y hablando de poetas. Lo escribió el poeta cubano Miguel Barnet y lo citó en aquella noche Camilo Venegas, mientras yo me reconciliaba con el primer Santiago de América y sus amaneceres: “No vengas, lo que quiero es esperarte”. Estábamos en el Centro León. Rafael Emilio Yunén comandaba y Don José estaba enterado de nuestras andanzas. Allí me había conmovido el hallazgo de un verso de Caetano Veloso, que presenta el dilema nacional de los adioses, la condena fatal de la distancia, la tortura griega del exilio voluntario de tantos dominianos. Aquella noche cantó Caetano (juro que lo escuché) su mejor canción a la ausencia: “No me estoy yendo, amor, sólo estoy preparando la hora de volver”, que de volver trata la vida. De volver al amor o a la Patria, al bar de la esquina, tus fuentes, pero siempre volver, aunque sea montado en el carro bondadoso de la memoria y sus recuerdos filtrados por la caridad de los años. Al pasado no podemos volver, por eso al intentarlo, en el camino borramos de la memoria los días terribles, las traiciones y el dolor que cada tiempo contiene.

«Vivir es ver volver». Hoy volvemos con nuevo año y nueva esperanza, con el mismo miedo y la misma decisión de hacer lo que se tenga que hacer, dispuestos una vez más a pagar el precio. Volver para vivir en tus días y ganar, no ya el sustento -Listín paga bien y “ZolFM” aún mejor-, sino el derecho de renacer en tus sueños y habitar tu cuerpo, Amén.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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