El Bulevar de la Vida

«Ahora sí que somos pobres»

El gran cambio

El gran cambio. Durante cincuenta años, el Banco Popular ha liderado en el sector financiero la transformación material que ha ocurrido en la República Dominicana. Para celebrarlo, en la navidad del pasado año editó el libro, “El gran cambio”, de la autoría del reconocido historiador, don Frank Moya Pons. Fue precisamente en esa obra, en la que se apoyó hace unas semanas el doctor Leonel Fernández para, presentando sus estadísticas más impactantes, proclamar el triunfo del optimismo sobre el pesimismo que históricamente ha existido en una parte de los intelectuales dominicanos. Los datos que la obra de Moya Pons presenta, en lo que a la mejoría de las condiciones de vida material de los dominicanos se refiere, son innegables, objetivos, irrefutables. Sin embargo, esa transformación material ha tenido un alto costo más allá de lo que muestran las estadísticas socioeconómicas, y pienso ahora en la familia, el barrio, la esquina; pienso en lo espiritual, los valores, con un Marx ya vencido, y los demás dioses de vacaciones.

Enriquecidos y pobres. Nadie puede negar “el gran cambio” material que el libro de Moya Pons cuenta y cita Fernández, porque sencillamente está a la vista de todos. Precisamente fue en sus gobiernos (los de Fernández) donde se aceleró esa transformación material del país. Sin embargo, hoy, –“enriquecidos” y “mejorados”–, los dominicanos somos más pobres que nunca. Pobres, -y no porque seamos líderes negativos continentales en aspectos tan cruciales como la pobreza extrema o la mortalidad infantil y materna-, sino porque ahora, postmodernos y modernizados, globalizados y cibernéticos, somos apenas tristes “pordioseros de familia”, “mendigantes de vecinos”, “huérfanos de hijos vivos”. Desde los griegos se ha sabido y por eso lo recuerda Sabina en una canción, que un ser humano puede llegar a ser tan pobre “que sólo tenga dinero”. Tan pobres somos hoy los dominicanos, que a nuestros barrios y campos los lideran ya, no mis “curas del carajo”, (Serrano, Cela, Regino), aquel político ejemplar, o el joven estudiante que preside el club del barrio, sino el narcotraficante asesino y solidario, el politiquito ladrón y “mano suelta” que marca su territorio con regalos, el “ángel” empresario dueño de la banca, el proxeneta impune y sus muchachas… y si continúo no termino.

Como un Ciorán vencido. Somos pobres, y no sólo porque se desvanezca ante nuestras narices el principio de autoridad del Estado Dominicano en su creciente incapacidad de cumplir y hacer cumplir las leyes -a TODOS-, sino también porque el ciudadano común, como si un Ciorán vencido fuera, se han entregado a la filosofía del “sálvese quien pueda”, que es parte de la explicación de por qué hoy, generalizada y socialmente celebrada, la corrupción se va adueñando voto a voto, elección tras elección, de las augustas salas congresuales o capitulares, y cada vez son más los legisladores, alcaldes y regidores “de vocación delictiva”, que todo el mundo en el barrio/campo/pueblo conoce, menos las autoridades y los dirigentes de sus partidos. La sociedad dominicana va con prisa y sin pausa hacia la fallida ingobernabilidad. Si lo duda, confírmelo en el desorden del trasporte público, en la Policía y su crisis sempiterna, en las “maras” de jóvenes que poco a poco van controlando nuestros barrios; mírelo en la prostitución que abarca todo, desde el colmadón hasta la universidad, incluidas las muy damas prostitutas de un solo dueño, ay.

“Cuando un hombre pierde sus ilusiones”. El ser dominicano ha perdido la fe en sus políticos, sus curas, sus burgueses, sus periodistas, sus vecinos, y por perder ha perdido hasta la fe en sí mismo, en su futuro. Algo parecido a eso sería el infierno si existiera. ¿Es inevitable que todo estalle para que nos atrevamos a recomponerlo? No lo sé. Pero cuando veo (es un ejemplo) a un padre “ofrecer” voluntariamente a su hija adolescente a un rico señor, con el único fin de recibir favores económicos de su parte, no puedo creerle a nadie -ni siquiera a mi dilecto profesor Fernández- que en términos humanos y familiares, los dominicanos somos hoy un país de gente más feliz, más confiada en el otro, gente más amante, amorosa , amada y buena, que hace cincuenta años. !Joder! !Ahora sí que somos pobres! 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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