El Bulevar de la Vida

El CONEP y «El silencio de la espera» (sin Bocelli, «Romana» ni Chavón)

«… Si el sol saliera por tu piel, seriamos amantes. Si tu fueras mía, podría soportar por fin, este silencio de la espera» L. Gómez-Escolar.

«Te di la vida mía», o «vengoahorita»… Llama especialmente la atención, que el Consejo Nacional de la Empresa Privada… de pocas cosas, el poderoso CONEP que opina de casi todo, -desde el sexo de los ángeles frígidos hasta del aporte del Pica-pollo Victorina al sindicalismo nacional y el feminisno radical-, no haya tenido el tiempo, la paz Romana ni de Punta Cana para plantear su posición ante algo tan trascendental para la institucionalidad democrática del país como la modificación constitucional para que pueda el partido de gobierno, el PLD, llevar a las elecciones de 2016 a su mejor candidato. Ante este «silencio de la espera», sin Bocelli ni Chavón, ante este extraño zigzagueo y evidente “vengoahorita” del sindicato de los patronos, creo conveniente y saludable algún tipo de reflexión al respecto.

El Presidente y los empresarios. Puestos a la labor, comencemos por citar al presidente Medina quien recientemente ante las grandes familias de los más grandes capitales de la región, reconoció que son los empresarios “los que arriesgan su capital en emprendimientos creadores de riqueza y empleos, los que tienen la responsabilidad de construir el desarrollo económico de América Latina”. Y dijo más: “el Gobierno ha estado ejecutando una estrategia integral para desmantelar todo lo que pueda impedir la realización de inversiones privadas (…) en nuestro país”. Y remató: “Perdimos muchos años teorizando y el tiempo se acaba”. !Toma ya! Suscritas y elogiadas las palabras del Presidente, creo válido recordar que históricamente en República Dominicana la actividad empresarial ha estado atada y bien atada al Estado y sus gobiernos; directa y vulgarmente o con genial disimulo, pero ha estado atada al Estado y sus gobiernos, y esto es especialmente cierto a partir del dictador Trujillo, que resumía en sí mismo y dos familias al Estado mismo.

La financiación de los partidos. Los partidos políticos necesitan financiación, -si es más o menos legal mejor-, pero necesitan financiación. Así se ganan elecciones en República Dominicana, amor; sólo que cierto empresariado bien establecido, “mira para otro lado” cuando el beneficiario de las inversiones marrulleras de tal o cual gobierno es uno de los suyos, digamos un empresario conocido, mediano o alto, o con vínculos familiares de consanguinidad o casamiento, o sea, “las colindancias”, que siempre digo.

El histrionismo cínico. El problema se presenta con todo su dramatismo -y el histrionismo cínico de lucha anticorrupción se dispara-, cuando el beneficiario de vagabunderías gubernamentales, quien asciende meteóricamente de escala económica, es un político procedente de la baja o muy baja pequeña burguesía, con escasa o ninguna experiencia empresarial, (por la misma olla). No hay dudas de que para muchos de los señores, el problema no es la corrupción en sí, -(que es un sistema que ya ha hecho metástasis en TODO el cuerpo social dominicano sin excepción, y es la esencia de gran parte de la actividad empresarial)-, sino el apellido y origen social del corrupto.

Cuando el problema es el “compañerito de la base”. El problema no es que un empresario se beneficie a través de prevaricaciones varias o contratos amañados todos en sus negocios con el Estado, como pago agradecido “por sus aportes al partido al que ayudó a ser o a continuar siendo gobierno”, sino que ese beneficiario sea un “compañerito de la base” que llegó al despacho oficial a pie o en un Corolla prestado, y al tercer año (¡indiscreto y soez!) se declaró “empresario”, con oficina particular, secretaria buenona y teñida, de caderas interminables y labios carnosos, y eso no hay pobre que en colmadón barrial no lo celebre, ni “aristocracia” desmemoriada que lo perdone.

En fin, el gran problema nacional no es el gran número de corruptos, sino el ejército de hombres y mujeres que aspira a serlo. Tanto hemos tocado el fondo en este tema, que hoy la honestidad es un lujo de poderosos, de honrados y honorables señores cuyo “pecado original” los cometió su santo padre, un tío bueno o un abuelo laborioso. Con su permiso…

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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