El Bulevar de la Vida

El discurso

La noche de San Bartolomé… sin hugonotes
El pasado miércoles, el presidente Danilo Medina vivió la primera “Noche de San Bartolomé” de sus 34 meses de gobierno. Sacrificada ya, la palabra empeñada que las circunstancias políticas y sobre todo económico/empresariales le llevaron a negar. Fue una difícil noche, pero resulta que nadie está obligado al suicidio, al harakiri que para Medina hubiese representado NO ceder a las presiones de aquellos a quienes les sobra poder para -en semanas- presentar al país la peor de las caras posibles del gobierno. Y es que eso a lo que llamamos “realidad” es una construcción no sólo social, (la construcción social de la que nos hablan Berger y Luckman en su clásico de la sociología contemporánea), sino también una construcción periodístico/mediática. Hoy, de lo que no se habla en diarios/redes/Zol/ telediarios, sencillamente no ha ocurrido, y también viceversa, pues si una mentira es publicada, emitida y divulgada una y otra vez, esta terminará convirtiéndose en «verdad», en la “realidad”.

De fiesta o discurso. Los ricos, cuando tienen problemas dan una fiesta; los políticos en cambio, ofrecen un discurso. A mayor dificultad argumental, más impecable ha de ser la puesta en escena, la dramaturgia y su fuerza simbólica. Si es inevitable que se recienta la ética, que entonces no falle la estética. Por eso, el discurso presidencial fue correcto en sus formas, al punto de sacar provecho hasta a las limitaciones histriónica y de dicción del Presidente: Una iluminación correcta y hasta creativa, con unas sombras en el lado derecho del rostro presidencial que le humanizaban, más la genial estrategia del vestuario con los colores de la bandera nacional: chaqueta azul, corbata roja y camisa blanca. (Uno sospecha sin confirmarlo, que mi talentoso primo asesor de imagen, Socrates McKinney, andubo esa noche por Palacio… y sin sus primas).

Político, por supuesto. El discurso fue político porque no podía ser astronómico. Había que presentar lo logrado y por lograr, para así atenuar el golpe por la decisión inevitablemente tomada. Había que combinar los argumentos con los sentimientos, fundir lo ya logrado con la esperanza de seguir logrando. Por eso no se escatimó tiempo ni se regatearon recursos técnicos para  mostrar los avances más evidentes e irrefutables: la jornada escolar de tanda extendida, «Quisqueya aprende contigo», para «herir de muerte a la ignorancia»), la creación de empleos, medio millón de dominicanos saliendo de la pobreza… y en ese plan. Había que citar lo conveniente y obviar lo inconveniente, y así se hizo. Por eso habló el mandatario “del deseo popular que le ayudó a superar el dilema”, pero no del Referéndum/Plebiscito que hubiese sido la mejor de todas las justificaciones posibles ante la historia. Pero no se podía hablar de Referéndum- Plebiscito porque hace apenas seis meses el presidente Medina insistía en su negativa a modificar la Constitución con el único objetivo de beneficiarse de ello. Por eso, el discurso hace referencia a la legitimidad que a la decisión le otorga el apoyo del Comité Político del PLD y de la Asamblea Nacional, pero no al Referéndum/Plebiscito. Por acudir, se acudió hasta a la cariñosa legitimidad de unas encuestas que a uno le recordaban el manubrio de una guagua “voladora”, y que si el Presidente hubiese insistido en NO aceptar la repostulación,uno sospecha que por presionarlo, hubiesen llegado al cínico exceso de asegurarnos (sin rubor) que -por lo menos- once de cada diez dominicanos le exigían repostularse.

De sombra y de luz. Sólo el tiempo dirá si valió la pena la decisión tomada, y qué tan alto será el precio a pagar ante la historia. Sin ser budista, sabe bien el Presidente que lo mejor de uno (de su gobierno) “son los otros”, que la mayor luz de las administraciones moradas siempre han sido las sombras de sus adversarios, unos adversarios más torpes que un adolescente enamorado o un elefante borracho en medio de una cristalería.

¿Y ahora?  Una vez más, como en aquel agosto 2004, el PLD tiene al país casi todo en sus manos. A ver ahora, qué C… van hacer los perínclitos señores del Comité Político, ( también los discretos príncipes del capital y el corporativismo implacable), perdida ya la inocencia, la fe, y casi todas las ilusiones, el vencido Ser Dominicano. (Tócala otra vez, Charles que es viernes: “y como el olvido, ya te habrá vencido, le dirás “querido” al igual que a mí, pero ¿quién?”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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