El Bulevar de la Vida

Una democracia «faltosa» entre canciones

«… va herido, va herido… y la muerte lo sabe». A. Tejada Gómez.

“…19 días y quinientas noches”. Bastaron, no 19 sino ocho días (y algo más de 500 noches), para que el escenario político cambiara. Semanas antes, Luis Abinader había retirado a un Hipólito Mejía que con sapiencia campesina, no sólo aceptó su derrota sino que a los pocos días de consumado el hecho se lanzó a las calles a apoyar a quien desde un año antes debió ser su delfín coronado. En el caso del PLD, una reunión del Comité Político bastó para que la antorcha cambiara de manos.

Luego de que el “testigo” llegara a la diestra de Danilo Medina, lo de la modificación constitucional para la repostulación fue un “clavo pasao”: asunto de llamar y conversar, cosa de llevar y traer de Palacio a FUNGLODE y viceversa. Con Medina y Luis Abinader como agraciados, y Leonel Fernández e Hipólito Mejía como derrotados, al club de los vencidos llegó raudo Miguel Vargas Maldonado para dejar formalmente inaugurando el declive del PRD y su entrada a esa ese vejez de olvidos, donde se vive ya de las nostalgias de un pasado heroico, como un combatiente de 1965 o un sobreviviente de los 12 años.

“Igual que en un escenario, finges tu dolor barato…” Con este nuevo escenario, el país electoral queda desde ya polarizado en dos fuerzas sumamente desiguales en lo que a recursos y oportunidades se refiere. Incluso en lo que tiene que ver con los recursos económicos que el Estado entrega a los partidos reconocidos, lo que anda entre 644 millones al PLD y su bloque, y algo más de 20 millones al PRM y los suyos.

Si a esto sumamos la ausencia de controles y transparencia en los montos y orígenes de la financiación privada a los partidos, (a partir de la broma de mal gusto en la que los legisladores convirtieron lo que debió ser una Ley de Partidos), aderezado todo con la ausencia de un Régimen Electoral, más las contradicciones entre la Constitución y la legislación electoral actual -que en cinco años los honorables legisladores no han tenido tiempo de resolver-, el escenario no puede ser más desigual.

Hablamos del escenario político de un país donde cuatro de cada diez ciudadanos son pobres y la mitad de ellos miserablemente pobres; país donde el verdadero proletariado está constituido por unos inmigrantes más pobres aún y que, por indocumentados no gozan de derechos laborales y en ocasiones ni siquiera derechos humanos, lo que contrasta con la existencia de una élite económica que no sabe ya qué hacer para gastar el dinero, salvo, en ocasiones acomplejarse -en Romana o Miami-, ante la desoladora comprobación de que al lado de Carlos Slim o Bill Gates ella no es más que una suma de pobretones VIP.

“El peligro de estar vivos”. La democracia es del tamaño y los valores, los principios y los finales del ciudadano al que gobierna, y el nuestro, más que un ciudadano es un votante que olvidado de Duarte y con Trujillo como estandarte, anda como El Chaval de la bachata: “más perdido que un camino viejo, más perdido que un conuco sin desyerbo”.

El sistema político dominicano se ha unido al modelo económico que nos rige para entre los dos competir para la elección del más injusto, inequitativo, desigual, inhumano y salvaje. Y así, mientras la partidocracia reina indiferente, el ciudadano de a pie marcha vencido al “bar de la esquina” (colmadón) para con Fito Páez y su fantasma cantarle “a la brisa de la muerte enamorada/ que ronda como un ángel asesino. Nadie nos prometió un jardín de rosas/ hablamos del peligro de estar vivos”

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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