El Bulevar de la Vida

Agua, país, vida

Un vaso de agua. Ahí está, inevitable, el drama de la falta de agua en la isla que habitamos. Está aquí la tragedia cotidiana a la que se suma la maldición del miedo a los delincuentes… y a policía. Por no tener, por haber perdido no tenemos ya ni el vaso de  agua que en nuestros hogares, nuestras madres ofrecían a cualquiera. Era un asunto de educación doméstica, una cosa casi bíblica: “Un vaso de agua no se le niega a nadie, hijo, ni al rico ni al mendigo”. Pero el caso es que está aquí la peor sequía de los últimos 20 años, y a la hora en que esto escribo sigue uno esperando el Decreto, el rollo de medidas, el “paquetazo” no fiscal sino “verde, que te quiero verde”. Pero no. Panamá hizo el suyo, y hasta el estado amigo y vecino de Puerto Rico, ese, ay, tan solo y despoblado en su nueva pobreza y su malvenida soledad. También Puerto Rico presentó a los suyos sus medidas de emergencia, pero nosotros no.

“Vieja  mesa” … vieja crisis. La crisis se agrava porque no llueve, sí, pero un país dónde uno de cada cinco habitantes no tiene acceso al agua de un acueducto (lo de la potabilidad es otra cosa), no es cosa de que está en crisis, no, es que vive en ella, muertecito de sed. Ya en 2006, en su informe de Desarrollo Humano de ese año, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) nos alertaba: el 20% de la población, casi dos millones de dominicanos, no tenían acceso a un acueducto, como nos recordaba la perversa relación entre falta de servicios de saneamiento y aumento de la  mortalidad infantil; que el 61% de los hogares pobres carecían de una fuente de agua y el 88% ciento “no tienen ningún tipo de servicio para la disposición de excretas”. Helo ahí. Este es el verdadero país en el que vive la mayoría de los dominicanos, alejados de este pedazo de Miami con ínfulas de París que a veces parece el polígono central de la ciudad de Santo Domingo, convertida por falta de autoridad en el tránsito en el “hormiguero patea’o” que le pareció Buenos Aires al maestro Yupanqui cuando en su mocedad la conoció.

Cambio Climático en “McKINNEY”. Organismos internacionales, gobiernos amigos, expertos militantes y políticos sensatos (este sábado a las once de la noche, en McKINNEY para COLOR VISION estará el VP de la Comisión Nacional para el Cambio Climático, Omar Ramírez) hablan del fenómeno de “El Niño”, de “Cambio Climático”, de “efecto invernadero”, pero en medio de este escenario de alertas todas, el Estado Dominicano no ha sido capaz de, siquiera, hacer de “La Revista” algo más que un vulgar impuesto falsificable que se vende en las esquinas, y convertirla en lo que la ley manda: en el permiso sin el cual los vehículos que contaminan más allá de los límites establecidos no pueden circular por nuestras calles (entre otras cosas). Hay sequía, hay calor, suben los mares, en 20 años perderemos playas fundamentales para el ciudadano y el turismo, pero las corporaciones se niegan (y los gobiernos no les exigen) colocar en sus industrias los filtros que manda la ley medioambiental para evitar matar ríos, peces, gente; para no que no colapsen los pulmones, ni se promueva el asma, si desprecie la vida, en fin.

“Padre”. Por suerte, en estos malo tiempos la fe, cuando se esconde la esperanza («y nada trae alegría sino tus besos»), en estos malos tiempos siempre aparece, salvadora, la santa poesía y sus dones. Hoy, en esta sed de tantas cosas, se nos aparece, como otras tantas veces, don Joan Manuel, el Serrat, con su advertencia catalana al “Padre”.

 Padre

“Padre, decidme qué le han hecho al río que ya no canta.

Resbala como un barbo muerto bajo un palmo de espuma blanca.

Padre, que el río ya no es el río. (…)

Decidme qué le han hecho al bosque, que no hay un árbol. (…)

el bosque ya no es el bosque, Padre, (…)

el campo ya no es ese campo.

 Alguien anda pintando el cielo de rojo

y anunciando lluvias de sangre.

 Alguien que ronda por ahí, Padre.

 Son monstruos de carne con gusanos de hierro.

 Asómese y les dice que usted nos tiene a nosotros,

y les dice que nosotros no tenemos miedo.

 Pero asómese, Padre,

porque ellos son los que están matando la tierra.  

 Deje usted de llorar, Padre,

que nos han declarado la guerra”.

«Pare» Joan Manuel Serrat. (Original en catalán).  

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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