El Bulevar de la Vida

«¿Qué más veremos arder?»

La pregunta. La pregunta es dolorosa pero necesaria, punzante pero impostergable: ¿Qué nos queda por ver a los dominicanos para reaccionar ante la situación de inseguridad ciudadana que padecemos? ¿Qué nos queda por ver y hacer ante el miedo que avanza? En los años setenta, cada vez que las hordas coloradas asesinaban a un joven de izquierda o “cazaban” a un ex militar constitucionalista, mi fraterno amigo, Yoni Pimentel me decía lo mismo: ¡“Qué más veremos arder, Pablo, qué más!

La noticia. Ahora sabemos que tres de los supuestos asesinos de la joven Franchesca Lugo Miranda eran rasos de la Policía Nacional y un cuarto es un ex miembro del Ejército Nacional. Al paso que vamos, dado que noticia es todo suceso novedoso que pueda interesar al ciudadano, lo que publicarán los diarios en sus notas policiales será: “Matan joven, pero ninguno de los asesinos pertenece a la Policía ni es militar”. Esa será la noticia. A esto hemos llegado. Y entonces, qué debe ocurrir. ¿El hijo de quién debe morir asesinado en el polígono central o al salir de un bonche “bien” en un resort de ensueño de los del Este, para que la rabia nos lleve a los indignos -No Indignados- a las calles y a las plazas?

La incertidumbre. Un país puede vivir con las estadísticas sobre los NI-Ni creciendo como Milano. Puede sobrevivir al absurdo de que su mayor fuente de movilidad socioeconómica no sea el trabajo sino el partido, el “punto” de drogas, la banca o el sexo en tarifas de sponsor solidario. Puede seguir existiendo “aunque ya no sonrías en el sillón de amarillo, ni reces al padre (poco santo) en la mesa de negro”. A todo puede sobrevivir un país “que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol”, menos a la incertidumbre de la muerte acechando en cualquier lugar y a cualquier hora a las Paola de cada quien, razón de vivir de cada cual, que siempre digo.

El mulato alienado. En Nicaragua dicen que cuando los sabios señalan una estrella, los tontos miran el dedo. En eso estamos los dominicanos de buena fe: mirando el dedo, mientras la estrella sigue lejos y brillante. Hablo de la estrella de lo racional, lógico y civilizado. La pasada semana fue presentada la décima versión del Barómetro de las Américas, un detallado estudio sobre cultura política y democracia en Republica Dominicana y en las Américas, 2014, realizado por las doctoras Jana Morgan y Rosario Espinal. El estudio nos desnuda y expone nuestras vergüenzas. Gracias a él se confirman las sospechas y se demuestran muchas percepciones: somos conservadores, clientelistas, no confiamos en nuestras instituciones, y nos consideramos mestizos o indios (58%) pero no mulatos (sólo el 12%), lo que indica el nivel de alienación, la grave negación de nuestra condición racial, ay, “y quién serás si no sabes quién eres”. Sólo el 48% de nuestros nacionales considera dominicanos a los descendientes de haitianos nacidos en el país, pero llamamos dominicano a cualquier estadounidense si es famoso y nos enteramos de que alguno de sus padres es dominicano.

Las vergüenzas. Léanla despacio. Está en la Red. Ayer, en el Tema del hermano diario HOY, Juan Bolívar Díaz presentó y comentó sus principales hallazgos. Este Barómetro 2014 es una foto, una Resonancia Magnético Nuclear (RMN) que nos previene, y de paso nos señala la estrella, nos muestra el camino que debería transitar esta sociedad para encontrarse consigo misma, y que sus hijos puedan llegar a ser -alguna vez- ciudadanos de la República y no simples votantes al mal menor, alienados de jalouin, cremas blanqueadoras y texturizado, negados a entender al Cabral que nos recuerda que lo mejor de nosotros son los otros. (Por cierto, “qué sería tu nombre sin ti”) A.G.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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