El Bulevar de la Vida

La revolución posible

“La primera y única revolución posible, es revolucionarse”. Krhisnamurti. 

«Aquí siempre viene una guagua». Uno de los grandes problemas de los dominicanos es creer que “siempre viene una guagua”. Ese estar siempre convencidos de que tras cualquier tragedia llegará una mano amiga. Así ha ocurrido desde Nicolás de Ovando hasta Barack Obama; desde Mao a Brézhnev, de Enver Hoxha a Fidel Castro. Los dominicanos siempre estamos esperando un maná, el gurú que no llega, mientras el país sigue atemorizado y peor distribuido, creciendo como China pero temiendo como Guatemala. Y es que a los dominicanos, nos cuesta mucho planificar y más aún nos cuesta ejecutar lo planificado. Somos reactivos, lo nuestro es reaccionar, poner candado después del robo, quizás por una mala interpretación del mandato bíblico: «Dios proveerá”, o la expresión budista: “a cada día le basta con su propio afán”, de hace 2500 años.

“Pongamos que hablo de Madrid”. Pongamos ejemplos. ¿Quién puede afirmar que desconoce lo que son y lo que ocurre en las cárceles del viejo sistema penitenciario dominicano? En verdad, queda algo por ver en esos «anticipos del infierno» que no merecerían Stalin ni Pinochet, -que es decir-. En las redes sociales hay imágenes de lo ocurrido en junio de este año en la cárcel del kilómetro 15 de Azua, tan nauseabundas e impactantes ellas, que no voy ni siquiera a contarlas. Cuando aparecieron en las redes, recuerdo que en “El Sol de la Tarde” lanzamos el grito al cielo, y como el poema de Benedetti, del “padre preso que mira a su hijo”, en ese programa “lloramos todos, gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos”, y como nosotros hizo medio país en interactivos, diarios, redes, pero nada pasó, hasta que llegó la parca, la jodida muerte, pero no al «15 de Azua» sino a la cárcel de Higüey, otra ergástula de la que se conocen carencias, hacinamientos, vergüenzas, asesinatos por silencio. Las muertes recientes de tres internos por causa de tuberculosis y otras complicaciones, y las fotos “subidas” a las redes, han logrado lo de siempre: traer momentáneamente a la agenda mediática un viejo horror mil veces denunciado y otras mil veces contado. Las autoridades intervinieron el lugar, pero una vez más la fiebre no estuvo en las sábanas, entre otras razones porque en nuestras cárceles no hay sábanas y a veces no hay ni colchones.

Menos mal que la Tanda Extendida. Saber que a partir del próximo año escolar TODOS los niños dominicanos estarán bajo el manto protector de la Jornada de Tanda extendida es la mejor noticia de las últimas semanas. Que un país que institucionalmente languidece, con un sistema judicial que “para lo que alumbra apagado es que luce”, y que cuando no es un juez en locura temporal es un fiscal en despiste conveniente, en un empobrecido país de impunidades repetidas, mal olientes y dolientes, en un país así, ya digo, es una gozada, un orgasmo de fe, un santo fornicio bajo las estrellas con esa bahía y sus azules de testigos, saber que a partir del próximo año podrán nuestros niños -bien alimentados, y durante ocho horas diarias- recibir en sus escuelas la formación y los valores, la capacitación y las guías laicas y científicas, (sin celebrar quema de brujas ni inquisiciones medievales) que le ayudarán a encontrar el camino y enfrentar los desafíos que la vida, inexorablemente, nos guarda a todos.

La razón de Krhisnamurti. Esto de la universalización de la JTD es la mejor noticia y la única que puede curarnos de este tanto perder siempre, porque, ay, no era cierto que las abuelitas volaban, que las brujas eran malas, ni que los partidos reformaban, revolucionaban o liberaban a nadie de nada. Al fin, y como siempre, tuvo razón Krishnamurti: “La primera y única revolución posible, es revolucionarse”. Con su permiso.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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