El Bulevar de la Vida

La gran incitación

“A ti te atemorizan estas ganas de morirse que tienen estos pueblos… porque van muchos años…”.

Pedro Mir. Al portaviones Intrepid.

 

El temor de los imperios. Como tanto se ha dicho y mucho se ha padecido, mal anda un país donde la ley es apenas una cosa, instrumento o vaina, utilizada con “gadejo” y alevosía por el Poder para hacer miserable la vida del hombre/mujer más o menos decente; ese que anda por la vía esforzándose por generar el sustento de su familia. No. No puede tener futuro una sociedad convertida ya en una sola y gran incitación a la delincuencia. Oiga usted, que no debería salir tan caro este asunto de ser honesto, ni tan atractivo el otro asunto del latrocinio, la difamación, el dolo. ¿Hasta dónde quieren llevar a la gente, o sea, a ese ciudadano común y corriente? A Juancito Pérez Vidal, mi dilecto contertulio de El Bomba, de aquel lado. ¿O es que no han leído ustedes a Pedro Mir explicando los temores de un imperio “con marines de nudoso pañuelo”?

Acoso y derribo. Esta semana, en “El Sol de la Tarde”, el candidato a Senador por el PRM (el mismo partido que de llegar a gobernar promete acabar con las mafias del tránsito y la incapacidad del Estado para regular el transporte público), ese candidato a Senador por la provincia de Santiago Rodríguez, ya digo, don Antonio, presidente de un poderoso y violento grupo empresarial del transporte, amenaza públicamente con violar la ley y cometer actos de terror contra ciudadanos, desdeña utilizar las vías de derecho, vuelve y se obra en quien se le pare al frente, pero resulta que para frenar a este Miura impune no hay Estado ni gobierno. Es un ejemplo. Sólo un ejemplo. El Estado dominicano, que administra un bullanguero país bailapenas, cada vez más arrrabalizado institucionalmente, se está convirtiendo en el verdugo del hombre/mujer  de trabajo. Y así no puede ser.

El alto precio de la honestidad. Las agencias del Estado, a través de una aplicación selectiva de las leyes, están sometiendo a la gente decente a una práctica de acoso y derribo que tarde o temprano conducirá a algo tan grande como grave. No se puede acorralar a la gente. En las calles, los terroristas del volante violan todos los artículos de la Ley de Tránsito, frente a unos agentes de la AMET que se apoyan en la misma ley para sí penalizar a una joven -bella y liceísta-, ay.,… “porque con el neumático de su auto pisó el “paso de peatones”, (no te jode). Y todo, mientras a su lado, los terroristas del volante sonríen en vía contraria, sin puertas, luces ni decencia. Nuestro Estado es cada vez más eficiente en recaudar unos impuestos que paga el hombre decente, al que hace pagar un ITBIS anticipado, por unas ventas que aún no ha cobrado. Como le cobra un “anticipo” por unas ganancias que aún no ha recibido y posiblemente no recibirá. (No, ombe , no).

Una tentación inapelable. Entonces, alguien tiene que decirle a la partidocracia reinante en el país desde 1966, decirle a los propietarios o herederos de las fortunas que cada uno de esos partido ha ido creando a su paso por el gobierno, a los príncipes del capital y a los “dueños del país», a todos ellos alguien debe decirles -y decirse así mismo-, que como don Gabriel Celaya, “estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo”; que no tiene futuro un país donde ser honrado sale tan caro y delinquir es ya, (“como tus cumbres y caderas, ay”), una tentación inapelable. En fin, que alguien debe recomendar a los muy señores, que siempre es conveniente leer o releer a Mario Benedetti, quien hace ahora mil años advirtió que cuando el Poder -con mayúscula-, arrogante dice:  “… y para hacerlo tendrán que pasar sobre mi cadáver”, bien debería recordar que a veces los pueblos pasan. Si, -acorralados- a veces los pueblos pasan.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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