El Bulevar de la Vida

«Ahora sí que somos pobres»

“… en los tiempos del cólera”.  Como a Fermina Daza, a quien en la novela de García Márquez le llega la hora de preguntarse con dignidad “qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño”, así, a Occidente todo, y especialmente a los dominicanos, nos ha llegado también la hora de preguntarnos qué hacer con esta sociedad que ha confundido el tener con el ser, y considera que el poseer riqueza es un fin en sí mismo, cuando en realidad es solo un medio para un fin, para lo verdaderamente fundamental que es ser felices, generar el bien común. Al fin y al cabo, los bienes, si no tienes con quien compartirlos terminan siendo algo menos que males, casi nada. Por eso, para describir lo que estamos viendo, viviendo y padeciendo los dominicanos, digamos; “!Joder, ahora sí que somos pobres!”.

El “no va más” en 72 horas. Todo lo ocurrido en el país esta semana, y que es ya un drama cotidiano, debería significar un “No va más”, la admisión responsable de que como sociedad, y especialmente en el tema de la violencia y la inseguridad ciudadana,  los dominicanos “hemos tocado el fondo”. Aquí hace tiempo que la muerte de tan común dejó de ser noticia. Sólo la prestancia política y social de una de las víctimas recientes, el alcalde y miembro del Comité Político del PLD, Juan de los Santos; el valor propagandístico electoral de dos de ellas, los peledeístas Yeral Pérez y Erasmo Espinal, y la condición de figura pública de Kimberly Castillo, ex Miss República Dominica, hija de Antonio Castillo de la Rosa, la sexta víctima, -y todo en un plazo menor a las 72 horas- ha logrado al fin conmover, conmocionar a esta sociedad negada a admitir lo que ocurría en sus propias narices.

Alcalde Juan de los Santos. En el caso de Juan de los Santos, se añade el mérito de la superación personal, la demostrada bonhomía y la admirable eficiencia con que realizó su trabajo de servidor público como Alcalde del municipio de Santo Domingo Este, al que convirtió en un ejemplo de transparencia administrativa. Hablo de un joven que en el año 2002 llegó al Congreso con el estigma de “banquero” (dueño de bancas de apuestas), y con un ejemplar comportamiento como ciudadano, funcionario público, militante político y sobre todo padre de familia, en trece años pasó de ser el “Juancito Sport” de entonces, al respetado y admirado alcalde Juan de los Santos. Todos estos crímenes tuvieron como eje central la violencia ejercida por ciudadanos -aparentemente- comunes y corrientes, gente como usted y como yo, y todo en 72 horas. ¿Y entonces? ¿De dónde procede el horror de esta canción, cuáles polvos de violencia contenida han traído estos lodos de sangre, luto, muerte?

La economía del bien común. Las mejores respuestas al drama de violencia y descomposición social que se respira en Occidente las encontré en un libro fundamental: “La Economía del bien común», del austríaco Christian Felber, quien rescata el concepto “bien común” de los textos de Tomás de Aquino, de la doctrina social de la iglesia Católica, y especialmente de Constitución alemana que dice: “Toda actividad económica sirve al bien común”. Para el autor, el medir el éxito económico mediante indicadores monetarios y no de utilidad social, o sea, a partir del bien común, ha conducido a la deshumanización de la economía y finalmente a la deshumanización de toda la sociedad. Una afirmación de este libro -publicado en 2010- tiene hoy una dolorosa actualidad: “Tanto si la economía del bien común se hace posible como si no, la economía va a experimentar en los próximos años, en la próxima década, una transformación radical, puede que incluso violenta”. Y así ha sido. Pero todavía estamos a tiempo, humanicemos la economía, y de la mano de Antonio Machado, preguntémonos de una sola vez: “dónde está la utilidad de nuestras utilidades. Volvamos a la verdad, vanidad de vanidades”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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