El Bulevar de la Vida

2016

La poca lipsis que nos viene.
Hoy, martes 5, faltan apenas cuatro meses y diez días para las elecciones generales. A partir de hoy se decreta, no “la muerte de la historia”, que fue un lapsus brutísimus de Francis Fukuyama, sino la muerte de la decencia, la verdad y la más mínima objetividad en las crónicas, debates, discursos y opiniones políticas y económicas.

En las redes sociales seguiremos recibiendo valiosas informaciones, pero será inevitable el uso del pañuelo o la cámara anti-gas: la comunicación coprológica está aquí para quedarse y más exitosa que nunca, amor.

Los dos grandes frentes/bloques políticos van creando equipos de (IN) comunicación y de (IN) justicia mediática para la información, la desinformación y para la difamación para lo cual, como se sabe, existe ya en el país absoluta impunidad, como existe para la corrupción, sólo que esta última crece con el Presupuesto pero viene de lejos, exactamente desde el novio desfalcador de Doña Leonor de Ovando, que sobrevaloró el costo del alcantarillado de la Zona en el Siglo XVI, según mis fuentes.

Cuando la corrupción suma
La impunidad en el tema de la corrupción es parte del gran poder que posee nuestra clase política. (Los empresarios creados para financiarla son otra cosa). Hablo de un poder que el voto secreto y popular legitima cada cuatro años voluntariamente, porque en la lucha electoral dominicana la posibilidad de que un político sea corrupto no es un hándicap (un freno) sino un añadido, (un plus).

Y es que en verdad no existen políticos ladrones, sino ciudadanos a quienes el libre, espontáneo y secreto voto popular convirtió en regidor, alcalde, legislador, funcionario ladrón. (No ha sido La Embajada quien ha creado la cleptocracia político / empresarial que cada partido de gobierno se ha inventado en cada mandato, desde Lilís hasta ayer, sino el ciudadano con su voto.

La Embajada mete la mano, apoya, financia unas cosas, posibilita otras, pasa la mano, es cierto, pero no es la responsable primera de que aquí el ser corrupto aumente las posibilidades de ganar y el no serlo las de perder. Si alguien tiene dudas de esto, que busquen al más corrupto de los PLD/PRM/ (en Santiago, por ejemplo) y lo pongan a competir con el más ético de toda una vida, don Negro Vegas, por decir… y verán los resultados).

Si se distribuye  con cristiano predicamento, en el mercado electoral hace siglos que la corrupción en sí misma no es un problema. No nos engañemos y dejemos nuestro cinismo para junio: ¿Qué sería de nuestros barrios carenciados o  de algunas prósperas empresas, de ellas, qué sería sin las mieles del narco y la ternura del lavado, sin el abrazo todopoderoso del Estado? Como la vida sin ti, nada: «un cometa sin manto muriéndose de frío«, que dijera don Vicente.

“Y nunca le cobró, La Magdalena”
Si alguien tenía alguna duda de la existencia de la María Magdalena y sus eróticos poderes, o de la capacidad de Alá “para apretar y no ahogar”,  la encuesta Latinobarómetro 2015 -que realiza cada año una ONG chilena con fondos de ONU y gobiernos gringo y europeos- ha venido aclarársela.

Cuando uno lee que a pesar de nuestra violencia social, inseguridad ciudadana, niveles de pobreza, orfandad de la mujer porque unos misóginos torquemadas pretenden seguir poniendo su vida en peligro; cuando vemos la pérdida del principio de autoridad del Estado para aplicar las leyes, cuando frente a esta realidad verificable en cada semáforo de la Barahona o la Lincoln, en el Serrallés o en el Villacom, se entera uno de que a pesar de esos pesares el “88 por ciento de los dominicanos está satisfecho o muy satisfecho con su vida”, entonces, es cosa de “dar rodillas”, rezar, meditar y hacer yoga existencial para agradecer al dios de cada quien.

Una tentación inapelable
La vocación para la alegría que los dominicanos heredamos de andaluces gozosos y africanos que amaban la vida porque era un milagro tenerla, y no abandonaban nunca la esperanza porque junto a sus dioses y el santo fornicio era lo único que tenían, esa vocación para la alegría, ya digo, es la que nos ha salvado, y nos salva todavía.

Pero tanta evasión bullanguera no puede dar para tanto ni para siempre.

Los dominicanos necesitamos urgentemente organizarnos en los valores, los deberes y los derechos de la democracia, aunque la dictadura sea como ciertas cumbres y caderas iluminadas, ay, “una tentación inapelable”. Como sociedad y como ciudadanos, ¿qué puede hacer cada quien por ese cada cual que es el país? Eso es tema de otro bulevar, pero un buen comienzo sería el esforzarnos por ser el ciudadano que quisiéramos fuera el otro, para que nunca una Mafalda tenga que responder y preguntar: “Sí señor, yo respeto a mis padres, me porto bien, soy High Honor de mi cole, yes, yes, pero, ¿y Ud.? ¿Paga sus impuestos?” ¡Pero, Mafalda! “Ah, papi, él comenzó a hablar de obligaciones”. (Quino). Con su permiso.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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