El Bulevar de la Vida

Mi madre capitaleña

A la memoria de mi hermana Arelis Yolanda McKinney Ortiz

UNA GUERRERA. El pasado martes, por esas cosas de Dios que quizás algún día la ciencia o él mismo pueda explicarnos, nuestra hermana Arelis (luego de una dolorosa enfermedad que enfrentó con toda la fortaleza y dignidad del mundo) se marchó, o más exactamente se nos adelantó. Ya en la funeraria, más de uno me lo repitió, Luisín (Mejía) me lo había dicho antes en Cedimat: “Arelis ha sido una guerrera, Pablito”. Miguel Antonio (Don Miguel Franjul, el hijo de doña Antonia, de las maestras Bucarelly de Baní), que fue su amigo de infancia, al darme el pésame me sugirió, casi me “exigió”, publicar este bulevar que ya tenía yo escrito en el corazón. Obedezco entonces a mi director y amigo, y comparto con ustedes estas líneas desde el amor y el adiós a una hermana que fue en cierto modo mi madre capitaleña; en su casa y su hombro terminaba siempre mi cabeza -por culpa de algún amor posible que había pasado a ser contrariado-, o cuando a cualquiera de los dos la vida nos acechaba y golpeaba , como la golpeó tantas veces y de tan diferentes formas.

De un carácter inquebrantable, Arelis fue un ejemplo de fortaleza y de amor, y sus hermanas Rosario y Linette, sus otros hermanos de años y amor, Ramonita y Nina, Paulino, Alexis Agramonte bien que lo saben, siempre lo supieron.

LA CIENCIA PUEDE ESPERAR. Arelis fue una sobreviviente de mil batallas, como la librada por el amor de un hijo cuya vida la ciencia decía que no era viable y era solo asunto de tiempo que se marchara al cielo a los pocos días de haber nacido, y 34 años después, por ahí anda el Jorge convertido en un hombre de bien y de trabajo. Discreta y solidaria siempre, terca como su abuela Nena, y fuerte como su madre Yolanda (que es La Madre de Gorki del Baní de nuestras luchas adolescentes) y en medio de este vendaval de penas, me dijo el lunes: “…uno debe ser conforme y obediente de los designios de Dios, y yo tengo que darle fuerza a ustedes, mis hijos y nietos. ¡Ah! Y, si como me dices, es irreversible su partida, entonces sal ahora mismo para Baní a buscarme, que yo tengo que ir despedir a mi hija. Doña Yolanda tiene 86 años.

COMO LOS AMORES CUANDO AMORES SON. De las batallas libradas por Arelis, uno debería hablar en el barrio, en “la esquina de McKinney” (aunque Guelo enamore a Berenice, Arda a Cary, José Ramón a Evelyn, y el Katespol sueñe con su inalcanzable María del Carmen, ay, su profesora de Neruda). Hablo de divulgar las proezas de su fe y de su carácter frente a las adversidades más disímiles, para que más de uno entienda al fin, lo que ella entendió desde siempre y mucho antes de que los asesores del presidente Obama hicieran famosa la frase… “siempre se puede”, eso, “yesgüicán”, joder, que las cosas para ser posibles no tienen que ser probables, ombe. Mi madre capitaleña fue siempre una guerrera, imperturbable como la fe de los buenos, inquebrantable como los amores cuando amores son. Quizás, reconociendo esa fortaleza, Dios decidió enviarles tantos desafíos, convencido de que a las grandes batallas se ha de enviar a los más valientes gladiadores.

GRACIAS DEBO Y DOY. Gracias a todo el personal médico y administrativo del CEDIMAT por su profesional y humano trabajo, al oncólogo Pedro Báez y al nutricionista Richard Marine. Gracias a sus amigas/hermanas de toda la vida, !tan presentes!, a la incansable prima Águeda Domínguez Ortiz, en representación de la administración de Cedimat, que de tan eficiente tuvo siempre la solución, a veces antes de la aparición del problema. Gracias a Ramonita y a Nina, gracias a tantos nombres que ahora pienso y no escribo. Pero sobre todo gracias a nuestros padres –don Carlos y doña Yolanda- que la formaron con su ejemplo, gracias a don Pablo (Pablito) Ortiz Gómez, su abuelo – donde quiera que-,  que la adoraba y a punto estuvo de malcriarla de tanto protegerla de domingo en domingo; ella fue su nieta preferida por ser la primera, por atrevida y por curiosa.

Gracias a su esposo Huáscar que la acompañó, a los hijos de ambos, Huáscar, Dayra, Jorge, que la inspiraron. Y gracias al Dios que la guió, y ahora que la tiene a su lado, comprenderá -desde su divina sabiduría-  por qué anda esta familia banileja, perdida de pena en el laberinto de tantos “Heraldos Negros”. !GRACIAS!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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