El Bulevar de la Vida

Reglas de juego para competir

 

«PARÍS BIEN VALE UNA MISA”. La OCDE, la poderosa Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con sede en París, decidió echarle una mano al país, patrocinando y financiando con sus fondos la celebración de la “Conferencia Internacional sobre la contribución de la competencia económica al desarrollo de las naciones”, coordinada en República Dominicana por la Comisión Nacional de la Defensa de la Competencia, y con la participación de los más acreditados estudiosos del tema en Europa y América Latina, incluidos los funcionarios responsables de las instituciones que velan por la justa competencia en Francia y España. Si para Enrique III de Navarra, “París bien vale una misa”, y por París (por el reino de Francia) abjuró él de su calvinismo y se convirtió al catolicismo, de igual modo una frase de uno de los más brillantes -entre tantos brillantes- expositores, bien valió el seminario; la pronunció el jefe de la división de competencia de la OCDE, John Davies, quien nos aseguró que “estudios rigurosos han confirmado que los países que han mejorado su sistema económico con políticas de competencia, aumentaron significativamente su tasa de crecimiento y disminuyeron sus niveles de pobreza”. La ley 42-08 que crea la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia es un instrumento para el crecimiento económico y la disminución de la pobreza, que haría más eficientes los mercados de bienes y servicios, por lo que contribuiría sustancialmente al bienestar económico de todos los ciudadanos. Como bien explicó el presidente del Comité de Políticas y Ley de Competencia de la OCDE, Frederick Jenny (que conoce muy bien la realidad económico empresarial de nuestro país): “Cuando hay competencia entre los proveedores bajan los costos, los consumidores de bajos ingresos pueden comprar más y tienen un mayor margen de elección”.

 UNA LEY QUE CONVIENE A TODOS. Hoy, la más urgente tarea de la Comisión Pro-Competencia es socializar los beneficios que para los diez millones de dominicanos tendría la aplicación de la ley, algo en lo que todos los medios de comunicación tenemos una responsabilidad ineludible. Para apoyar la aplicación de la ley celebró la OCDE este seminario, convencida de que su puesta en marcha conviene a todos los sectores nacionales, incluso al de los propietarios de empresas con prácticas monopólicas u oligopólicas que hoy se oponen; esto es así, porque todo lo que beneficie al consumidor, estimule la producción nacional y el aumento de las inversiones, y además favorezca la lucha contra la pobreza, sirve para crear un país más justo, con menos desigualdad social y con mayores oportunidades para todos, y ahí es bueno recordar que en Dominicana, en las avenidas 27 de Febrero con Lincoln nos vemos todos. Nuestra herencia trujillista y autoritaria nos ha impedido crear una cultura de competencia, como nos ha impedido desarrollar una cultura de tolerancia y respeto al otro, pero estamos a tiempo. (Los resultados de un reciente estudio de la Dirección General de Impuestos Internos confirman lo que ya sospechábamos: en Dominicana, 43% de los mercados tiene una concentración alta (35%) o moderada (8). O sea, que nos queda mucho por hacer y de los dominicanos).

 NO OLVIDAR LO PRINCIPAL. Ni en los líos y verigüetos de nuestra ambiciosa partidocracia, ni en los asuntos de la competencia por los mercados es bueno olvidar lo principal. (Hacerlo, en las cosas del amor, puede ser fatal). Así como Neruda le preguntaba a su Matilde, “de qué nos servirá la unidad en el cementerio”, así, a los muy señores, sin Matilde, le pregunta uno: de qué les servirían cien millones de pesos más o cien menos, si pierden lo principal, es decir, la posibilidad de vivir en un mejor país, donde la paz social se mantenga y la seguridad ciudadana no sea una quimera, cosas de locos, sueños de enamorados. Hablo de reglas de juego que sirvan al Estado para arbitrar el contrato social que sustenta la vida civilizada en democracia; o sea, la vida política, social y empresarial del único país donde un dominicano nunca será extranjero, y el único donde, después de cumplidos los treinta, puede ser feliz, de a ratos, sí, pero ser feliz. Volveremos con el tema… “Y siempre nos quedará París”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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