El Bulevar de la Vida

De RC, fanatismo y coprologías

EL TRIUNFO DE LA COMUNICACIÓN COPROLÓGICA.
Un señor que es propietario y conduce un programa en un canal de televisión, insulta, amenaza y hasta muestra la silla con la que desearía golpear a un joven profesional conductor de un programa dedicado a la defensa de los consumidores, y resulta que ese hecho es la “noticia” más vista, leída y comentada en las redes sociales, en los diarios tradicionales y los digitales. ¿Qué viene a demostrarnos esto? Pues que la comunicación coprológica (el insulto vulgar, la insolencia mordaz) gusta, atrae al lector, engancha al televidente; ella es líder, y por lo mismo rentable, y todo porque los lectores y las teleaudiencias la prefieren y tras ella van los anunciantes y a su lado los empresarios propietarios de los medios que la emiten. Entonces, ante un éxito de tal magnitud, y ante tanto lamento quejica en plan Jeremías, paso a presentarles mi simple propuesta para disminuir la incidencia de la comunicación coprológica en nuestros medios: A. Que el ciudadano, desde su terrible “indignación” no consuma el producto. B. Que el empresario honesto, decente, “católico y sentimental” pida a su publicitaria no invertir su presupuesto en programas estercoleros y C. Que los dueños de medios de comunicación no renten espacios a los príncipes de la comunicación coprológica. ¡Y ya está! (Pero de censura del Estado, nada; que los países tienen los políticos, los periodistas, sociólogos, médicos, abogados, opinólogos y fontaneros que deciden tener, y los gobiernos comienzan censurando a los impresentables exponentes de la comunicación coprológica y terminan censurando al adversario político, empresarial, incluso al sentimental, que aún queda gente en esta selva con verifón, negada a entender que las mujeres no tienen dueño, que el que tiene dueño es su corazón… y sólo hasta que Dios o Afrodita quieran).

UN RÉGIMEN DE CONSECUENCIAS
Desde siempre se ha dicho que la educación es transversal a los desafíos de toda sociedad; que atraviesa todos los problemas que en ella comienzan y terminan. Así ha sido, sólo que ahora el concepto habrá que extenderlo hasta el RC: El Régimen de Consecuencias, y la urgente necesidad de su aplicación. Por ejemplo: En algo menos de tres semanas ocurrieron tres graves accidentes en envasadoras de gas. ¿Cuántos han sido sometidos a la justicia por esos hechos? ¿Los funcionarios responsables de regular los permisos y el funcionamiento de las envasadoras de gas han recibido alguna reprimenda, suspensión, investigación, cancelación o boche? ¿Y qué decir de los funcionarios que en los ayuntamientos son responsables de otorgar permisos y clasificar el uso del suelo? Pocas envasadoras de gas resisten la aplicación de las leyes que mandan controlar su ubicación, su operación y mantenimiento. Pasa con las envasadoras de gas, pero igual ocurre con las leyes de tránsito. Ante la creciente inseguridad ciudadana, medio país anda armado, ¡anjá! pero y ¿qué le ocurre a quien es apresado portando un arma de fuego ilegalmente? Uno lo ha escrito tantas veces: La falta de un régimen de consecuencias lleva al descalabro a una familia, a un club social, a las Águilas y al Licey, y por supuesto a toda una sociedad y su Estado.

VOLTAIRE CONTRA LOS FANÁTICOS
Finalmente y en lo que en un esfuerzo conjunto, los ministerios de Cultura y Educación publican (para regalar en las escuelas y vender en los semáforos al precio de una “fría”) el Tratado de la Tolerancia, de Voltaire, aquí les dejo una cita del prólogo del libro, de Fernando Savater, Voltaire contra los fanáticos, como antídoto para curarnos en vida y salvarnos de fanáticos y teócratas, de inquisidores y cínicos, negados a entender que viven en un Estado social de derechos. Voltaire se excusó hace un siglo con mis lectores “por compromisos contraídos previamente con la muerte”, pero don Fernando nos manda a decir a todos lo que sigue: “El fanático no es quien tiene una creencia (…) y la sostiene con fervor, (sino) quien considera que su creencia no es simplemente un derecho suyo, sino una obligación para él y para todos los demás. Y (…) está convencido de que su deber es obligar a los otros a creer en lo que él cree o a comportarse como si creyeran en ello”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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