El Bulevar de la Vida

La política “cerrada por derribo”

“… no abuses de mi inspiración/ no acuses a mi corazón/ tan maltrecho y ajado que está ‘cerrado por derribo’…” J. Sabina.

POR CUQUÍN VICTORIA. Uno de nuestros grandes problemas es que, quizás por admiración al genio repentista de Cuquín Victoria, los dominicanos “siempre creemos que viene una guagua”; que alguien vendrá siempre a salvarnos. Durante más de tres años, la oposición política, -incluido un PRD que terminó negociando con el PLD una alianza políticamente suicida-, sabía el riesgo de ir a unas elecciones sin reglas de juego definidas (Ley de Partidos ni Régimen Electoral), pero obnubilada de optimismo, prefirió mirar para otro lado y gastar sus cartuchos mediáticos y la credibilidad de sus mal disimulados voceros amparados en lo que ahora llaman “sociedad civil”, en destronar a Leonel Fernández, confiados en que Danilo Medina no se resolutoria, y convencidos de que fuera de esos dos señores, (mas la Dra. Cedeño, esposa de uno de ellos), los demás aspirantes presidenciales en el PLD “no marcaban ni el paso” en las encuestas. Pero, como es de todos sabido, ocurrió la fábula del toro que citaba don Juan, y aquí estamos frente a un escenario electoral de un solo lado, con una oposición con menos posibilidades de éxitos que un matrimonio entre el Papa Francisco y Rosa Luxemburgo.

LOS HIJOS DE JOSÉ ALFREDO JIMENEZ. Se le ha advertido mil veces, pero no hay forma ni manera de que la oposición lo entienda: en política electoral “hay que barrer pa’ dentro”; sumar y sumar, y de ser posible, volver a sumar. Por sumar fue exitoso el PRD en 1978, en 1994, y el PLD a partir de 1996. ¡Pero qué va! Nuestros políticos de oposición parecen hijos de José Alfredo Jiménez. Y es que, como al gran cantautor mexicano, a los señores “nada le han enseñado los años, siempre caen en los mismos errores”. Y así vamos, sobrellevando una democracia de un solo partido (PLD), al que enfrenta un PRM que es apenas la anárquica suma de frustrados proyectos presidenciales, municipales o congresuales, que desafían los años y el tiempo; o sea, la negación exacta de todo lo que debería ser un partido político en el siglo XXI.

“AHORA QUE ESTÁ TAN LEJOS EL OLVIDO…” Ahora que regresamos de la “semana santa”, (o de la pagana semana que muchos aprovechan para ponerse al día con lecturas retrasadas, canciones de Marc y deudas de cariño por cobrar), ahora que regresamos de esos viajes del espíritu, la carne y la cultura, nos encontramos con el gris escenario de una campaña donde -perdida ya la fe- al electorado no le importan ni los debates ni los programas, sumido como está en su gris laberinto de antifé y “mal menor”; precisamente ahora, vemos con estupor cómo la realidad ha venido a confirmar  nuestros viejos temores: Digámoslo una vez más: la lucha electoral es hoy en República Dominicana, apenas una vulgar lucha empresarial de grupos terribles, señores impresentables y corporaciones insaciables, que negocian apoyos, exenciones, contratas; fusilan moralmente adversarios, o presionan retiros o repostulaciones con muy “mala leche” y peores formas… “y así no hay pollo que llegue a gallo”, buen vino que termine en besos, ni democracia que funcione, en fin.

COMO EL MANAGER MCKINNEY. Para vencer a una maquinaria electoral como la del PLD, que es pragmática y marrullera como un manager de pueblo (como el profesor McKinney dirigiendo a “Guabá” y “Matadero” en el Luis María Herrera), si no se tiene el financiamiento abundante ni la mano amiga de “La Embajada”, se requiere entonces justo y lo que le falta a la oposición: visión, creatividad,  imaginación, poesía. Oiga usted que -fuera el poder del dinero (“la estructura económica”) que reivindica el razonamiento marxista-, a los pueblos no los mueven mas que los poetas, o sea, esos señores del buen decir y del mejor proceder, de la inteligencia creativa, la entrega, de los “jardines colgantes de Babilonia”, la autoridad moral, o sea, del buen y bien enamorar pueblos, como Juan Emilio en aquel diciembre 1962, un Coronel en abril 1965, o un José Francisco Peña Gómez cualquier día, a cualquier hora, por ejemplo. Por cierto, “… por las arrugas de mi voz/, se filtra la desolación de saber/ que estos son los últimos versos que te escribo/. Para decir adiós,/ a los dos nos sobran los motivos”. Con su permiso.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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