El Bulevar de la Vida

Cronicanto mulato al abuelo negro

ANDALUCES PASADOS POR ÁFRICA. Una investigación realizada por la National Geographic Society y la Universidad de Pennsylvania, bajo el manto de la Academia Dominicana de la Historia y la colaboración de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), ha venido a confirmar científicamente lo que se veía y se presentía desde siempre, y por verlo y presentirlo uno había escrito hace ahora mil años, que somos un país mulato, oiga usted, no sea ridículo. Mulatos indios claros, negros full, descafeinados o no, poco o menos cuarterones (como dicen en las Españas), más o menos lavados, javaos y trigueños pero mulatos según sea más o menos el café que la leche, “y también viceversa”.

LOS DOS ABUELOS DE GUILLEN. Según el citado estudio, la población dominicana posee un 49% de ADN de ancestros africanos, 39% de europeos, y un 4% precolombino. Entonces, amparado en la ciencia y sus rigores, tiene uno la razón y el derecho, como tiene el deber, de cronicantar otra vez por el ser mulato que somos, andaluces pasados por África, africanos en brazos de Andalucía. Etíopes y gaboneses amamantados por la loba de las noches de Cádiz, Málaga y Sevilla, amor. Porque somos ellos y en nosotros está Lemba y está Don Bartolomé, el de Las Casas frente a un río como mar que ni me acuerdo. Porque no sólo El Quijote nos alerta y nos protege, sino también el tambor que nos alegra y nos da vida. Los dos abuelos del poeta Guillén: “Lanza con punta de hueso, tambor de cuero y madera: mi abuelo negro. Gorguera en el cuello ancho, gris armadura guerrera: mi abuelo blanco”*.

MADRE PATRIA P… MADRE. Por su ritmo y su alegre nostalgia, por su vocación para ser feliz. Por ellos, los hermanos negros de esta nación mulata, avergonzada de su negritud, con su texturizado a cuestas. Porque los dominicanos hemos adorado hasta el ridículo a la Madre Patria, que a veces sólo ha sido una puta madre, y -acomplejados- nos hemos olvidado de nuestro ser mulato, de nuestro negro Padre de la Patria, que no son los tres mulatos ya conocidos, sino el abuelo negro al que canta Nicolás Guillén y que aquí cito. A ese abuelo negro este canto hoy, porque somos los hijos del hambre y el olvido, de la pobreza y la explotación, lo que el colonialismo fue sembrando a través de cinco siglos; una pobreza material que no nos mandó Dios, que era ateo, ni Checherén que era socialista, sino la monarquía europea y más tarde sus representantes criollos (los peores) y después el vecino del Norte “revuelto y brutal”, imperial quiero decir, y otra vez los lacayos alaienaditos y crueles; esos, los que nos enseñaron a esperar siempre al Maná, a aspirar que otros hagan por nosotros lo que no hacemos por nosotros ni por nadie, a justificarnos en nuestros errores, y en eso estamos, y así andamos, y así seguimos, viviendo nuestra insular barbarie, nuestra “Edad Media” democrática que tanto dura, colonizados en la mente y el “jalouin” y “el santo Guivin” ¿Do you know?

SOMBRAS QUE ILUMINAN. Ahora que es científico el dato: Somos mulatos. Y no hay San Pedro portero ni amorosa María Magdalena que pueda desmentirlo, debe uno cronicantar y  agradecido para el abuelo negro y sus noches. A él, nuestro mulato lamento, nuestra pública petición de perdón por tanto olvido y tanta ignorancia celebrada, defendida, divulgada; como también nuestro reconocimiento más agradecido, porque sin Usted, abuelo negro, ay, sin su sangre, su voz, sin su temple de incansable guerrero, los dominicanos todos estaríamos incompletos y desconsolados, no tendríamos son ni mulatas, ni sueños que debe hacer algo peor que estar muerto.

“¿QUIÉN, CUANDO YO ME VAYA…?” 
¡Y ahora, quién es el que va a negarlo; quién se atreve a refutar la ciencia! Las sombras del abuelo negro nos han iluminado el camino; y tanto, que aún en nuestra pobreza de vergüenza, asco de inequidad, arrabalización cotidiana, impunidad celebrada, en medio de todo esto, esta nación de mulatos ha sido capaz incluso de ser feliz cantando alegre con papá Ventura, un texto borgiano que dice: “Y oye qué rico… mami”, en fin, “sombras que sólo yo veo, me escoltan mis dos abuelos”. Amén.

* “Balada de los dos abuelos”, de Nicolás Guillén. De su libro West Indies Ltd., en Obra poética 1920-1972, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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