El Bulevar de la Vida

Bendita la luz de sus victorias

REINAS DEL CARIBE, NOVIAS NACIONALES
No se si ustedes lo habrán notado, pero pocas cosas unifican, entusiasman y enorgullecen tanto a los dominicanos como los triunfos de #lasreinasdelcaribe, las inigualables atletas del equipo nacional de voleibol que acaba de ganar la Copa Panamericana.

Así como existen “grandes amores que salvan al Amor”, así existen atletas que con sus triunfos pueden salvar – aún sea momentáneamente- la autoestima de una patria. Y lo digo, porque mientras las muchachas vencían a las fajadoras borinqueñas, en Baní, un inmenso tapón frente a la comunidad de Paya se formaba ante la mirada impotente de unos pobrecitos agentes de AMET, incapaces de evitar que “ciudadanos” de la República tomaran la vía contraria, el carril opuesto, creando un pandemónium. !Era el infierno! Purgatorio que salvaba el poder escuchar vía YOUTUBE y gracias a la empresa Sertel Eventos, del amigo Charles Sánchez, la transmisión del partido decisivo de la copa.

Horas antes, el ayuntamiento municipal de Sánchez, (Samaná) declaraba tres días del duelo por las 18 muertes que provocó un accidente de tránsito en el tramo carretero Sánchez-Nagua. Un accidente más -(y todo, mientras ganaban las reinas)- por irresponsabilidad ciudadana, sí, pero también y sobre todo porque el Estado dominicano va perdiendo lentamente la capacidad de aplicar a los ciudadanos y aplicarse a sí mismo sus propias leyes. Por ejemplo, y como se sabe, la Ley 241 de tránsito es un oda borgiana a lo que no puede ser aplicado, y “La Revista”, que debería impedir que una vehículo circule por las carreteras del país si no cumple unos mínimos requisitos de seguridad, no contaminación ambiental y buen funcionamiento, ha sido convertido en un impuesto “capaperros”, instrumento para extorsionar “legalmente” al conductor de un vehículo relativamente nuevo, y así no puede ser. O no debería. Pero está siendo.

¡AHORA SÍ QUE SOMOS POBRES!
Materialmente menos pobres que nunca, los dominicanos vamos perdiendo lo principal, la capacidad para convivir como seres humanos civilizados y en el más mínimo respeto y consideración “al otro” que somos nosotros mismos, mientras las reinas ganan y ganan y se salvan y de paso salvan a su pobrecito país, donde las leyes son apenas una “vaina” que supervisores de cualquier cosa o inspectores de la nada, utilizan para completar el salario del mes o para poder cenar, y otros, los más pudientes, para poder comprar el segundo apartamento de la familia en el mar o en la montaña, o ver a Bocelli en Chavón, ¡qué cosas digo!

Si alguien, en un agnosticismo imposible en un país macondiano como el nuestro, duda de que “Dios aprieta pero no ahoga”, uno insiste en recordarle los triunfos de #lasreinasdelcaribe. Como en la pregunta del verso de González que tanto cito: “¿qué sería tu nombre sin ti?”, uno se cuestiona vencido, qué sería del país, de su falta de ciudadanía y su arrabalización institucional, si no existieran estas novias nacionales, !ay!

“MENOS MAL QUE EXISTEN, MENOS MAL”
Ser honesto y aspirar a ser un ciudadano no debería salir tan caro en un país con tantos impunes ladrones y demasiados aspirantes a serlo, que es lo que más jode. Entrar a la rueda de la corrupción no debería ser una tentación tan reiterada, casi tan inapelable “como la tentación de tus imposibles ojos moros”; no debería valer la pena, como sí vale la alegría de saber que, mientras el país de arrabaliza sin régimen de consecuencias y con una mordaz y burlona aplicación selectiva de las leyes, en el Centro Olímpico, unas muchachas maravillosas nos hacen sentir por una tarde, en medio de un tapón, en unos trágicos entierros evitables, como si fuéramos el país que quizá pudimos ser. En fin, con Silvio cantémosle a coro: “Menos mal que existen, menos mal que existen para hacernos”. ¡Bendita la luz de sus victorias, benditas muchachas! ¡Benditas!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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