El Bulevar de la Vida

El día en que en Madrid asesinaron la luna

“¡Ay! aquí negros no queremos…/
negro muerto, negro bueno/
negro vivo, negro malo”.
Carlos Cano.

“YO TE QUIERO CANTAR Y PEDIRTE PERDÓN…”.
Lucrecia Pérez fue la primera víctima de la xenofobia en la sociedad española. Era dominicana. Fue asesinada el 13 de noviembre de 1992 en Aravaca, en las afueras de la capital. El pasado fin de semana, en la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos, el Ayuntamiento de Madrid le ha rendido homenaje. Pero el mejor homenaje ya había sido realizado: los cuatro asesinos fueron condenados. Tres de ellos eran menores de edad y fueron condenados a 24 años de cárcel, y un exguardia civil, autor de los disparos, fue condenado a 54 años de prisión.

“Y SIN EMBARGO SE MUEVE”.
En esa condena mucho tuvo que ver todo el sistema español de administración de Justicia, pero también una ciudadanía indignada que con su actitud dijo -a quien quisiera escucharla- que no estaba dispuesta a tolerar asesinatos de tal vileza y crueldad en su país. En aquellos días aciagos, más de un millón de españoles salieron a las calles a exigir justicia y la obtuvieron. Por suerte, la sociedad española tiene claro que ella está lejos de ser los suficientemente respetuosa e inclusiva de los “otros”. Todavía, y a pesar de los múltiples esfuerzos de parte de las autoridades y organizaciones de la sociedad civil comprometidas con el respeto a los derechos humanos de los emigrantes, en España la xenofobia sigue siendo el principal motivo de los delitos de odio.

“LUCRECIA FUIMOS TODOS”
Entre cientos y cientos, editoriales, artículos, poemas y canciones escritos a partir de la tragedia, muy posiblemente la canción que mejor describe -con poética pasión- lo que ese asesinato significó para toda la sociedad española, sea la canción escrita en homenaje a Lucrecia por el cantautor andaluz, ya fallecido, Carlos Cano:

CANCION PARA LUCRECIA 

Yo te quiero escribir una carta de amor/ que llegue a tu país en semilla de flor/ que atraviese en la noche océano y tormenta/ luego como un lucero deje un sueño en tu puerta.

Yo te quiero cantar y pedirte perdón/ por tu muerte, Lucrecia por esta canción/ que comprenda la luna el ron y la palmera/ que en tu isla canela sólo come el tiburón.

¡Ay!, cuatro rosas de fuego ardiendo salieron y todo acabó. / ¡Ay! cuatro rosas dejaron la flor de un disparo en tu corazón.

¡Ay! una calle sin salida/ una mirada asesina y allí sola la dejaron/. ¡Ay! aquí negros no queremos/ negro muerto, negro bueno, negro vivo, negro malo.

Los que matan la luna son los mismos de siempre/ los que arrancan las flores con sus botas de muerte/ los que amargan la vida y asesinan los sueños/ que cantan los poetas buscando un tiempo nuevo.

No gozan del amor ni tocan los tambores/ ni cantan el bolero ni pintan corazones en los árboles verdes ni en las playas de arena/ ni bailan el merengue pa’ echar fuera sus penas.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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