El Bulevar de la Vida

La democratización de la corrupción

EL TRIUNFO DE DON NINGUNO. – Según vino a confirmarnos la más reciente encuesta Gallup-HOY, ocho de cada diez votantes dominicanos no saben qué político joven podría ser buen Presidente. Uno de cada cuatro votantes consultados no tiene claro quién es el líder del PLD y lo mismo ocurre a cuarenta y cuatro de cada 100 votantes al PRM. En el caso del moribundo PRSC, la situación no puede ser más desoladora, pues tres de cada cuatro votantes no tienen idea de quién lidera ese partido. Para seguir en desolación full, resulta que el 54 por ciento de los dominicanos considera a don Juancito Pérez Vidal, (alias Tito) -conocido entre los encuestadores como NS o NR-, líder de la oposición. O sea que, para la gran mayoría de los votantes, su partido es el PSP (Partido de los Sin Partido) y su líder es Tito, Juancito Pérez Vidal, Don Ninguno.

“COMO UN CONUCO SIN DESYERBO”. – Si estos datos no le dicen nada a la partidocracia reinante de nuestro país, si nada le dicen los triunfos de los antipartidos y antisistema en todo el mundo, ella merecería que le dijésemos en plan gadejo: “que la Magdalena te guíe”. Pero hay un problema, y es que la partidocracia, y sus enllaves de la plutocracia, dirigen el país, y ya hasta se entienden para hacer ganar alcaldes o hacer triunfar a legisladores. Por eso, en este caso la vieja expresión de mi amada María Magdalena no aplica. No. No puede aplicar, porque no es de Babia ni de Biafra de quien estamos hablando, sino del presente y del futuro del único país donde no somos extranjeros. “¿Dónde hallarás verde y verde, azul y azul, palma y palma bajo el cielo? Responde tú”. Hablo de la posibilidad de que, ante la vocación fratricida (en plan PRD años noventa) que se respira en el PLD; o ante ese “no querer ser” del PRM, surja una tercera fuerza que sea alternativa a los señores, y ella pueda ser lo peor de cada casa, que en el mundo hay ejemplos. Entonces, “avive el seso y despierte”, que quien no aprende de sus errores está condenado a repetirlos, que para encontrarle sentido a la vida a veces debemos enfermarnos, como está enferma nuestra sociedad, en plan Chaval de la bachata: “estoy más perdido que un camino viejo, más perdido que un conuco sin desyerbo”.

CUANDO LA DEMOCRACIA ES UN BOLERO. – La historia de nuestra democracia es un bolero, más bien una balada entre Alejandro Sanz, Julio Iglesias o José María Cano. Ella es la historia de la civilización siempre aplazada, de los planes elaborados y vueltos a elaborar, pero siempre postergados, porque siempre hay unas jodidas elecciones que ganar, que siempre digo. Somos una democracia farandulera, no por las chicas bellas y sus tiernas crueldades de azul y demasiado olvido, ay, sino por las canciones. Somos la democracia del “corazón partío”, de Sanz; tropezamos “con la misma piedra”, de Iglesias; y, sobre todo, sabemos mucho, mucho de eso, de “luchar en batallas perdidas y volverlas a perder”, que escribió el Josema.

“EL PEOR DE LOS PECADOS”. – Nuestra partidocracia ha perfeccionado sus malas prácticas de gobierno a gobierno, de partido gobernante a partido gobernante. Ella tiene el mérito de haber logrado avances materiales que no puede uno negar porque están a la vista, claro. Pero, así como el personaje del poema de Borges cometió el peor de los pecados: “no fue feliz”, así nuestra partidocracia ha cometido la más abyecta de las faltas, al haber permitido y promovido la democratización de la corrupción y la impunidad, inoculada ya en la cotidianidad nacional, la privada y la oficial, en la evasión, la elusión o el robo (perdón por la redundancia) en el despacho, el consultorio o el bufete y en ese plan. “Pero no o desesperéis”. De la democratización de la corrupción seguiremos hablando el viernes, si don Pepín y Miguel Antonio lo permiten. Fabio no lo evita y Felipe me apoya, como siempre. Con su permiso.

 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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