El Bulevar de la Vida

Cien años y un millón de agradecimientos

 

LOS CORRIPIO AGRADECEN. –  Como anoche la familia Corripio celebró los cien años de su llegada al país agradeciendo y reconociendo la labor de cien instituciones que con su trabajo han contribuido a hacer del nuestro un mejor país, que es el suyo, desde la mañana anduvo uno meditando sobre los seres humanos que construyen e inspiran la construcción de una patria. El tanto pensar nos condujo a la reflexión sobre estos malos tiempos de individualismo sí, pero también y, sobre todo, a estos tiempos malos de miedo e inseguridad.

Fue así como recordé mis paseos nocturnos con la Paola menor a quien, pasadas las nueve de la noche, yo solía sacar en mis hombros a caminar por el barrio que era la zona de Piantini, entre las avenidas Churchill y Lincoln. Los recordé y me dije, “Joder, cuánto hemos perdido”.

Hoy, 16 años después de esas felices y por felices inolvidables caminatas, a qué padre en su sano juicio se le ocurre salir a pasear a las nueve de la noche con su niña en hombros, por las calles de cualquier barrio de la ciudad, incluido el Piantini. Sólo una vocación suicida y una irresponsabilidad paterna del tamaño del edificio Taipéi 101 podría llevar a un padre a asumir tales riesgos.

 POBRES DIABLOS. –  Con IPhone, IPad o sin ellos, hemos llegado al peor de los mundos, el de la desconfianza y el miedo. Ese que nos impide, incluso, disfrutar de los bienes materiales que, como se sabe, si no tienes con quién compartirlos no poseen ningún valor, salvo el masaje al ego que provoca su posesión en los primeros días.

Esta posmodernidad de siglo XXI nos ha convertido a todos en pobres diablos. Pobres de pan o de paz, pero pobres diablos, porque si no eres pobre materialmente, eres un mendigo del miedo por la paz que no tienes, la seguridad que perdiste.

Es por todo lo anterior que uno les recomienda el ejercicio feliz de repasar los nombres y las historias de la gente y sus instituciones reconocidas anoche por la Fundación Corripio, y también por las que, en estos 25 años han ganado el premio ‘Brugal cree en su gente’, que entrega su Fundación.

Todos ellos le sirven a uno como antídoto para combatir el pesimismo y la desesperanza, porque nos demuestran que hay flores de fango en el lago nacional. Hablo de gente simple, que por su buen corazón no han olvidado lo principal: que servir es la mejor manera de vivir y ser feliz, razón última de la existencia; o aquello entre Quevedo y Sabina, convencidos de que nadie debería ser tan pobre al punto de sólo tener dinero.

 “SER MEJOR PARA VIVIR MEJOR”. – En estos días de antifé y desesperanza, de sincamino y desconfianza, -ya sin poder uno caminar a las nueve de la noche, con su Paola menor por las calles de Piantini-, qué bueno es saber, recordar y poder celebrar que existan instituciones como las premiadas anoche por la Fundación Corripio o por la Fundación Brugal durante los últimos 25 años. Instituciones creadas y desarrolladas por gente que, conociendo o no a Buda o a Krishnamurti, tienen claro que, para hacer una revolución, primero hay que revolucionarse, que el ejemplo es la mejor palabra, y algo fundamental: para vivir en una sociedad mejor, no basta la crítica al vecino, al gobierno o a Dios, porque para vivir mejor, para vivir en una mejor sociedad, primero hay ser mejor. Ha vivido más el odio que el amor, más la traición que el decoro, pero el amor y el decoro viven. Algo parecido a eso debe ser la gloria. ¡Cien años y un millón de agradecimientos a los poetas del hacer y el construir que la Fundación Corripio ha reconocido! Gracias por existir.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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