El Bulevar de la Vida

Colindancias familiares

colindancia s. f. Situación en que se encuentran dos cosas que tienen un límite común. Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse Editorial, S.L.

PREGUNTAS LAPIDARIAS. – Releyendo textos sobre nuestra historia democrática, he llegado a la conclusión de que el nuestro es un país de colindancias, que son ellas las culpables de tanta impunidad, y de que sigamos siendo una selva sin ley ni orden, un relajo jurídico con PC.

Releyendo textos he terminado haciéndome unas preguntas devastadoras, lapidarias, definitivas: ¿Qué fue de los grandes ladrones y asesinos de la Era? ¿De los maipiolos ilustrados del trujillismo más degenerado, qué ha sido? ¿Dónde están los jefes militares, políticos, eclesiásticos y empresariales responsables del golpe de muerte a nuestro embrión de democracia en septiembre 1963? ¿Qué ha sido de los públicamente conocidos como “Los 300 millonarios de los doce años de Balaguer”? ¿Por lo menos, habrán pagado los impuestos?

HACIENDO MEMORIA. – Finalizado el primer gobierno del PLD en 2000, los nuevos funcionarios del nuevo gobierno del entonces PRD -hoy PRM-, mostraron en los matutinos y los telediarios las barbaridades cometidas en algunas secretarías y direcciones generales del Estado por parte de algunos funcionarios del gobierno peledeísta; pero en los cuatro años siguientes de su mandato -de tan trágica recordación- nada hicieron por castigar lo denunciado. En el gobierno peledeísta que asumió en 2004 ocurrió igual.

La culpa de este festival de impunidad -que en los albores de este 2018, al fin preocupa  a una inmensa minoría de la población-, no es de doña Tatica, que está en Higüey, ni del Papa que es porteño y humilde (¡vaya contradicción de adjetivos!) sino de las jodidas colindancias. Eso.

Somos un cambalache de colindancias familiares repetidas, el país que quiso encender de fe don Juan Pablo, el Duarte, y cómo se sabe, fue él quien terminó apagándose -como sus velas-, pobre y vencido en Caracas.

IMPUNIDAD POR GOBERNABILIDAD. – Las colindancias y el viejo arte de intercambiar impunidad por gobernabilidad están afectando la confianza de los dominicanos en las instituciones de la democracia, cosa que ha venido a demostrar recientemente la encuesta Latinobarómetro que por algo y para algo ha financia la USAID y no el Club Rotario de Bánica.

En las lecturas de estos días sin Paolas, llegué hasta el golpe de Estado a Bosch y allí he encontrado la lista de los golpistas confesos de firma y sangre de entonces y, sorprendido, he comprobado que, prácticamente todos, son hoy honorables señores, reconocidos y homenajeados por clubes y páginas de sociedad, por gobiernos y colmadones, por embajadas sin oficio, iglesias y puticlubs.

O sea, que somos una gran sabana de colindancias familiares, donde el día más claro llueve y hasta un aguacero puede ser general. Puede ser General, político, cura, empresario, puede dar un golpe de Estado una madrugada de un día 25 de un septiembre en gris, y luego, impunemente, irse a escuchar al Bonilla Aybar de turno el resto de su vida.

“VEN DEVÓRAME OTRA VEZ”. – Las colindancias nos devoran. Si implica afectar a sectores del Poder con mayúscula, en nuestro país eso de aplicar la ley se ha convertido en utopía. De la aplicación de las leyes en asuntos de corrupción mejor no hablar ni hacer memoria, pues el PLD y PRD (ahora PRM), en sus respectivos gobiernos, se han dedicado a la poco ética práctica de “desinteresarse” ante la justicia de los casos de corrupción de sus compañeros de alcurnia y abolengo partidario, que es parte de lo que ha incitado a muchos otros a llegar donde hemos llegado hoy, o sea, a la náusea, a las cloacas del ser y sus miserias, a la democratización caótica e infame del robo y el descaro.

Y en todo esto, sobreviven, -arrogantes y triunfadoras-, las colindancias familiares, joder, las colindancias familiares.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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