El Bulevar de la Vida

Cronicanto al motel

MOTELES EN LA HIDALGA. –
Hace unos días, al visitar el Centro León, en Santiago, una dama “bien señora” toda ella, mi criticó muy duramente por mi apoyo y reconocimiento a que en la entrada de la Hidalga de los treinta existan tantos moteles como existen. Después de aquella pela de lengua pero con clase y categoría, sin llegar a Neruda en las Españas… Explico algunas cosas: Comencemos por decir que un motel es un templo donde se cultiva (y se cosecha el amor) desde la meditación horizontal de los cuerpos o sea, un bendito instrumento fundamental para la paz interior que conduce a la paz social. Lleno de paciencia, traté de explicarle a la muy dama, que los moteles son un gran aporte a la felicidad ciudadana y al Estado…  (de la pasión), y son la mejor carta de presentación de una ciudad que, desde su entrada, muestra su santa vocación cristiana, o sea, su afición por y para el amor. Habla muy bien de los hombres y mujeres de una ciudad, (Santiago tenía que ser, como pudo ser Baní) la existencia de esos templos para subir al cielo, bajar y volver a subir. Y le insistí a la muy dama: MIre Ud. principessa, que los motels son instrumentos de paz. Piénselo bien, señora mía: Nadie se reúne en un motel a pastorear sus resentimientos ni a cultivar sus odios, nadie se cita en un motel a traficar influencias, y menos a crear empresas fantasmas para estafar al gobierno de turno, que para eso hay villas en el Este y pent house en cualquier parte, ciudad o país, Miami, por decir.

COMO LAS IGLESIAS. –
Pero hay más: Los moteles son centros de paz como las iglesias, pero con una sinceridad añadida: la de los cuerpos. Como se sabe, cada religión defiende su visión de Dios, pero resulta que en los moteles el concepto de Dios está unificado, allí hay un solo Dios verdadero, el mismo que quiso regalarnos a todos la posibilidad de un anticipo del cielo al morir una tarde o al dormirse una luna. («Yo sé que existo porque tú me imaginas». A.G.) Además, a más moteles menos señoras neuróticas y menos señores amargados, pues el orgasmo, – es algo de público conocimiento- es terapéutico. Dicho todo esto, y aclarado el mal entendido, a ver si comenzamos a tratar mejor a los moteles, donde no hay más guerra que la divina batalla de los cuerpos. Un respeto, por favor. No puede ser inmoral algo tan cristiano como el amor y el amar. No. No puede ser pecado que los ciudadanos y mejores munícipes de Santiago, por huir de la crisis ética y social y sus suplicios- se entreguen felices a los dulces afanes del santo fornicio. !Amén!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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