El Bulevar de la Vida

La muerte que no cesa

“… pero cuando puedas, vuelve, porque acecha tu fantasma…”.  S. Rodríguez Domínguez

EL FANTASMA.-  Un fantasma recorre el mundo y no es el comunismo. Ni siquiera son las redes en su función de posverdad e insultos. No. El fantasma que azota el mundo es la violencia contra la mujer en su más vil expresión, la muerte. En nuestro país, con los años aumenta el drama, las estadísticas no ceden como no cede el miedo. “Pasa el tiempo y no se pasa tu recuerdo” (REC), que es terrible, pero, sobre todo, pasa el tiempo, las teorías, incluso pasan las acciones, los discursos, las maestrías, alegorías, poemas, las caminatas pendejas, las inútiles sentadas, pero resulta que ya  ni las órdenes de alejamiento evitan la tragedia ni disuaden al asesino. (No existe el “crimen pasional”, sólo el crimen. Colegas). Entre los asesinos de mujeres, muchos son jóvenes mucho mejor informados que sus padres que somos “machistas leninistas” por deformación de crianza, pero el resultado de sus “desacciones y absurdidades” es el mismo: la muerte. Si bien no se ha invertido en personal y en recursos los montos que merece este drama, cierto es que en los últimos 20 años, en la lucha contra la violencia contra la mujer se ha invertido más que en toda nuestra vida republicana, se han creado instituciones casi todas, se han dado talleres donde fuera necesario, se ha reeducado a las familias en el apoyo a las víctimas, pero como en el poema de Vallejo, “el cadáver, ay, siguió muriendo”.

EL ABUELO PABLO.-  Ante el fracaso de todo lo anterior,  quizás ha llegado la hora de que, con precaución, cada uno vuelva a las palabras de sus padres o abuelos. Algunos dirán que ellas son las llamadas de la selva y la barbarie, y quizás tienen razón, pero les recuerdo que del CIPAF para acá, años setentas, mucho se ha hecho, invertido, capacitado, pensado, educado, “pero el cadáver, ay, siguió muriendo”. Las palabras del abuelo Pablo uno las escuchaba, atento y silencioso, en su finca de Paya: “las afrentas contra las mujeres de la familia se lavan con sangre”. Será la llamada de la selva justo al lado de la barbarie, ¡cómo negarlo!, pero lo cierto es que 45 años de civilización, de leyes, seminarios, y Gloria Martín cantando, “Ovarios fuertes di lo que vales/ la vida empieza donde todos son iguales”poco se ha  logrado en los intentos de detener la muerte de mujeres por su derecho a olvidar. Y algo debe quedar claro: una falta no justifica la muerte sino el adiós, el olvido. El único rencor posible de un macho herido contra una hembra en gris, “piel de manzana”, es un bolero. ¡Joder!. Sea hombre, olvide, y que cante Sergio: “En el viejo bar nuestras dos sillas, en el mismo rincón  a media luz, (…) brindo por ti, por las horas de amor que te di, donde estés, donde vayas, mi bien, brindo por ti …”.

“PIDO PERDÓN, SE DEBE A QUE HICE MUCHOS BORRADORES”.-  Pido perdón si es la barbarie, si cada vez que es asesinada una mujer, (una joven en su flor),  cede uno a la tentación de conceder la razón al abuelo Pablo, y vuelve otra vez a escuchar el mandato: “Para agravios contra los hombres de la familia sea civilizado, acuda a la justicia, llame al fiscal, busque un abogado. Pero para las afrentas a su madre, sus hermanas, sus hijas, no hay Dios, oración ni Código Penal que sirva, sino la sangre”. Será la barbarie. (Y lo es). Pero por lo menos es una barbarie digna y decorosa, y si quiere que entre al mar que nos ahogamos. Sí, lo admito, es una tentación a superar ante el desconsuelo de ver cómo se puede teorizar tanto sobre el mismo tema, y marchar, desayunar, estudiar, insistir, capacitar, seminarizar, educar, funglodizar, aconsejar y que hasta allá un ministerio de la mujer, pero en la vida real, una vez más, en la voz de don César, el peruano, la santa poesía, como siempre, tiene la razón… “pero el cadáver, ay, siguió (y sigue) muriendo”. Es una tentación a superar, vuelvo y digo, lo admito, y otra vez pido perdón. (Este bulevar ni se lo cobro a don Pepín). Pero, si a los grandes amores de horizontales consecuencias uno vuelve casi siempre, ay, cómo no volver, desconsolados y vencidos, a las palabras del abuelo Pablo: “Los agravios a las mujeres de la familia, se lavan con sangre”. Perdón. Sé que no tengo la razón, es el horror que nubla el sentimiento. Perdón.

 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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