El Bulevar de la Vida

¿Para qué sirve la democracia?

       Estoy a punto de devolverle a una gran amiga el libro de Johan Norberg titulado PROGRESO, que en diciembre tomé de su biblioteca para administrarlo desde la mía. En la sinopsis de la obra se asegura, basado en estadísticas, que el mundo ha progresado más en los últimos 100 años que en los primeros 100 mil; que el riesgo de sufrir una guerra o vivir bajo una dictadura es hoy mas bajo que nunca. Como ven, estos son datos esperanzadores, pero todos ellos sucumben ante lo que viene ocurriendo en la República Dominicana de un par de lunes a esta parte, de una rueda de prensa palaciega a este momento, y ya me explico.

         Primero fue el miedo a la delincuencia al visitar amigos en los barrios calientes por carenciados. (En mi primera visita al bar de Correa, Aquiles me asignó a Ñonguito –(que aún no era famoso)- como seguridad). Luego vino el miedo en lo claro, en el polígono central. En ese entonces, la delincuencia en realidad no aumentó, sino que, como ocurre con el amor, cambió de casa.  Así se instaló el miedo en el polígono central, ya dije. Así iban las cosas de mal, cuando apareció la tormenta de la sesión del Consejo Nacional de la Magistratura, y supimos entonces que, por escuchar sus conversaciones, la Procuraduría General de la República interviene los teléfonos de los jueces y sobre todo las juezas “incómodas” de la Suprema Corte de Justicia, y si son dignas y decorosas con más saña y mala fe.

         ¡Joder! Si ahora, además del miedo al asalto tendremos los ciudadanos que sufrir el temor al pinchazo telefónico, entonces, ya sí es verdad que llegamos donde íbamos, (“quien no sabe para dónde va ya llegó”), aunque diga el libro de Norberg que progresamos como nunca. Y es que, pensándolo bien, si uno, de viaje por los Madriles o al regresar a la dacha familiar de madrugada, por temor a las intervenciones telefónicas no podrá ya, -por ejemplo- llamar desde su móvil a la santa para, con voz orgásmica y melosa, preguntarle por el color de sus colalés o comentarle lo interminable de sus caderas; ay; si cercano el amanecer, herido de su ausencia y vencido de nostalgia, no podrá uno llamar a la dulcinea para prometerle amor eterno hasta el martes, recodarle “los trillos de su entrega”, o contarles uno a uno “los lunares de su espalda”; si esto ya no va a ser posible, entonces, dígame Ud., ¿para qué c… sirve esta democracia?

 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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