El Bulevar de la Vida

LA BACHATA: El tango nacional

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Ahora que, gracias a los esfuerzos de nuestro ministro de cultura de ultramar y embajador ante la UNESCO, José Antonio Rodríguez, la bachata ha sido declarada patrimonio intangible de la humanidad es un buen momento para recordar sus orígenes, ligados siempre a una ausencia.

«Qué lástima me da
aún corre por mis venas
la llama de pasión que me dejaste
… pero tú eres ajena».

Frank Reyes. 

Bien me lo dijo Vianco Martínez, hace ahora mil años, en El Bomba: “el problema de la bachata es que en ella la mujer se fue o no ha llegado, pero el caso es que nunca está”. Del dolor de una ausencia nació la bachata. Dolor por un exilio desde nuestros campos hacía los barios de nuestras ciudades y, claro, siempre una mujer y un olvido.

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Hablo de una bachata ante la cual se ha rendido el mundo, con Romeo como estandarte, y ese Juan Luis Guerra que en los años 90 le mostró a Europa que la poesía podía llegar también de la mano de un ritmo dominicano.  Años atrás, José Manuel Calderón, el padre fundador, se lo había confirmado al país con un lamento, musical y literario, cuando a una dama de ojos claros y oscuro corazón le rogó: “Amor, sálvame ahora, no permitas que muera de sufrimiento”

«Lacrimosa
ni un pañuelo me has dejado
para secar el pasado
de besos mojados
que hoy suda mi piel
quiero beberme tu boca
besarte, mujer».

Juan Luis Guerra. 

Luego de Calderón surgiría Radio Guarachita y con ella sus protagonistas, tíos fundadores de la cosa, como Luis Segura, que con “Pena” abriría la puerta del ritmo a una clase media que luego iría los jueves -discretamente- a aquella discoteca de San Cristóbal que dedicaba ese día a la bachata. Hagan memoria. (Cualquier tiempo pasado… fue tu amor).

«Tropecé ayer
con tu cariño
«casi me tuve al quedar»
es verdad».

Luis Días 

La época “Rosa” de Juan Luis Guerra llegaría junto con Víctor Víctor, una mesita de noche, y su insuperable CD: “Bachata entre amigos”, que vistió de esmoquin a la bachata con las canciones de la santísima trinidad de la canción iberoamericana de autor, o sea, Serrat, Sabina y Silvio, entre otros. Luego llegaría el reinado de Anthony Santos que aún permanece, sólo opacado por el triunfo mundial de Romeo, que para colmo es un muchacho agradecido, y por eso acaba de recorrer medio país con su Utopía, como ha recorrido Occidente mostrándole la expresión más auténtica del país que somos.

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Siempre ocurre igual, cuando a los dominicanos nos falla la política, siempre aparecen Las reinas del Caribe, los Tigres del Licey o una bendita bachata para salvarnos,  “sálvame pronto, amor, de este tormento. (…) no permitas que muera de sufrimiento”. JMC

 

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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