El Bulevar de la Vida

Salomón, el PLD y la mar

 

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            O sea, que uno no hablaba “caballá” cuando recordaba a los peledeístas el viejo axioma de la política: “Sin unidad no hay victoria”, y si ocurriese el milagro, sería entonces una victoria que, de tan pírrica, se parecería demasiado a una derrota.

            Sin unidad no hay victoria y siempre se pierde, -total o parcialmente- pero se pierde, y más aún en unas elecciones que serán más observadas que el escote de la Maja vestida que, como se sabe, fue siempre la más puta y libertina de las dos Majas de Goya.

            Uno lo dijo hace mil años, y las últimas semanas no han hecho sino otorgarle la razón y confirmar el valor de la vieja expresión popular: “No hay peor cuña que la del mismo palo”. Todo esto es lo que explica que, oficializada ya la división del PLD con la salida de Leonel Fernández, ese partido solicitara a la JCE la exclusión de 176 candidaturas de personas que figuran en las boletas de otras organizaciones, (sobre todo del leonelista partido LFP y aliados) luego de participar en las primarias de la organización, violando así una ley de partidos más imperfecta que un aguilucho en El Quisqueya y más corregida que un hijo único malcriado.

            Precisamente, observando lo que ha terminado siendo esa ley de partidos que por lustros fue una de las utopías de la democracia dominicana es cuando uno regresa al refranero popular para lamentarse: ¡“Tanto nadar para morir en la orilla”! Pero como “donde las dan las toman”, el otro pedazo morado -ahora verde- de LFP, ha reaccionado al misil peledeísta sobre el transfuguismo posible, con la bomba de hidrógeno que representa el someter al pleno de los diputados una resolución “para que se investigue el uso de fondos públicos destinados a la adjudicación de 39 contratos por un valor RD$11,500 millones de pesos en el Ministerio de Obras Públicas, así como la asignación grado a grado mil millones de pesos a la empresa ASIMRA”. Eso se llama golpear donde duele, tirar a matar, o sea.

            Y mientras tanto, entre misiles y bombas sigue la “La guerra de los Rose”, el infanticidio morado por falta de un sabio Salomón dispuesto a salvar a la criatura dándole un baño de justicia, pero no en el río sino en La Mare, la mar, según el verso que Rubén Darío dedicara a la señorita De Bayle.  Cántala otra vez, Eladia Blázquez, cántala otra vez: “Qué caro hay que pagar el precio de vencer. (…) Pactar con Lucifer, de enero a enero, y dejar ahogado un grito, en el fondo del tintero”.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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