El Bulevar de la Vida

Negados a aprender

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Las medidas de apertura co­mercial y de transporte pú­blico aplicadas desde el pasado miércoles por el go­bierno pondrán a prueba la autoridad de nuestras autoridades. De lo que de ellas resulte depende el tiem­po en que serán mantenidas, ampliadas o restringidas. Que se contenga el río o que entre el mar.

En España, a ese gradual desmon­te se le ha llamado DESESCALADA, que es un confuso término fruto de una infe­liz traducción del inglés pero que, dado su uso generalizado en el lenguaje bu­rocrático y en los medios de comunica­ción, la Real Academia Española no ha dudado en aceptarlo, argumentando que su función no es la de crear voces sino registrarlas cuando su uso se ha ex­tendido, como es el caso de la desesca­lada.

Precisamente, en su particular deses­calada, el gobierno dominicano tendrá que hacer todos los esfuerzos y uno más para lograr que ella se desarrolle sin la anarquía que en las últimas semanas y específicamente en los últimos días he­mos observado en barrios, calles, esta­ciones de espera de la OMSA, y en co­mercios de todo tipo… y en todo lugar.

Alguien que ahora no me acuerdo, (pero debe ser griego) dijo que “cada lágrima enseña al hombre una verdad” pero, ya ven, a los dominicanos ni las lágrimas, ni las desgracias parecen en­señarnos nada. Uno esperaba que, gracias a la pan­demia del Covid-19, los dominicanos hiciéramos nuestra la vieja sentencia que manda “guardar pan para mayo” y ahorrar en los buenos tiempos “porque los malos se meten solos y ni saludan”, (como el Covid), pero no. Se suponía que la magnitud de esta pandemia que ha infectado ya más de 5 millones 200 mil almas en todo el mun­do nos llevaría a definir nuestras verda­deras prioridades de una vez y por todas, pero ¡qué va!

Por ahí andan los comerciantes bus­cando la manera de que, como el Día de las Madres estaremos todavía bajo las medidas de cuarentena, esta celebración sea transferida a otra fecha para que sal­gamos los dominicanos en loca caravana consumista a comprar a la madre unos regalos que si fueran realmente necesa­rios un buen hijo no habría esperado nin­guna fecha para hacerlos.

Por si lo había olvidado, le recuerdo que el mejor regalo para una madre es saber que Ud. está ahí. Que la ama, la visita, la llama y se lo dice. Y le agradece, ay, le agradece y le vuelve a agradecer, sí, por lo otorgado, lo enseñado, por ese pescozón a tiempo, por ese boche tan necesario, por tanto amor multiplicado.  Que sepa ella que Ud. esta ahí. Y que, cuando surjan los problemas, seguirá estan­do, seguirá estando… !si no lo sabrá uno!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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