El Bulevar de la Vida

“Lo mejor de cada casa”

«Por eso es que a mis amigos los mido con vara rasa, los tengo muy escogidos, ellos son  lo mejor de cada casa». Malas companías. J. M. Serrat.

         Ahí están. Son hijos o nietos de J. M. Serrat y sus “malas compañías”.   Lo mejor de cada casa.

         Provienen de una clase media bien formada en el hogar y la escuela; o de barrios empobrecidos, (pobrísimos) donde son la demostración viviente de que esa Resiliencia de la que tanto hablan las psicólogas, sí existe.  Son resilientes. Guerreros. Valientes.  “Lo mejor de cada casa”,  eso.

         Son la esperanza de un país desesperanzado y en crisis de confianza; lo que es grave, pues lo peor que le puede ocurrir a una sociedad no es que sus ciudadanos dejen de creer en sí mismo, sino que, por hacerlo, estén dispuestos a creer en cualquier cosa, vaina o esperpento. Hay ejemplos. Precisamente por eso, (“por todas esas cosas y por muchas otras que no puedenencerrarse en jaulas de palabras”, según Rodríguez Domínguez, tienen ellos la histórica encomienda de renovar una práctica política que éticamente ha tocado fondo y sucumbido al rentismo más perverso que tiene en el Cofrecito y el Barrilito congresual a su más vulgar y pública expresión, solo superada por la asignación de dos exoneraciones de vehículos -de precio ilimitado- cada cuatro años. ¡Cómo justificar lo de “ilimitado”!

         Todavía son una inmensa minoría, es cierto, pero ya representan “lo mejor de cada casa”, con sus prácticas ejemplares, con discursos esperanzadores, propuestas inteligentes y un pensamiento político liberal y progresista en un país tradicionalmente conservador, con unos fundamentalismos religiosos que escuchan sin oír, que miran sin ver y por lo mismo sin leer la página bíblica que manda otorgar “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Eso. “Amar a los demás como a sí mismo”, oiga Ud., que es de amar, servir y ser feliz sin joder a los demás de lo que trata este asunto de vivir, con Buda, Jehová, Mahoma o con Jesús y la María, no importa.

         De esta esperanzadora nueva camada de políticos, que tienen el servir a los demás como ideología central, y a la honestidad personal como estandarte, espera mucho una sociedad que éticamente se ha quedado sin fe, inoculada de corrupción en todos sus estratos, no solo en la política. Tomen nota.

         Pidieron una oportunidad y los ciudadanos se la han otorgado. No tienen derecho a fallarnos, ni a fallarse. Pasó ya la hora de los hornos electorales, de la “mai del play” de las campañas. Es ya el tiempo del ejemplo, pues gracias a Martí sabemos que la mejor forma de decir será siempre… hacer.

         Como se decía en La Herradura o Barrio Lindo, hace ahora mil años… “vamoahaceile”.

 

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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