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Jorge Luis Borges y la frontera de todos los imperios

En su celebrado poema El Remordimiento, Jorge Luis Borges se confiesa:

“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer:

No he sido feliz. (…)

Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte,

que entreteje naderías. 

Me legaron valor. No fui valiente.

 No me abandona. Siempre está a mi lado 

la sombra de haber sido un desdichado”.

En el caso dominicano, gracias nuestra ancestral vocación para la alegría, que nos permite hacer de nuestras penas un merengue, y si no me creen escuchen las letras de Siña Juanica, “de por Dios, caramba, ombe, se me muere el niño y no tengo medicina”, el pecado no ha sido la desdicha.

Así como a Borges “lo persiguió siempre la sombra de haber sido un desdichado”, a los dominicanos la que siempre nos ha perseguido ha sido la tutela imperial de Estados Unidos, que en 1930 nos montó a Trujillo y su infame satrapía, y luego nos salvó de él propiciando que unos hombres con H grande y “jardines golgantes de Babilonia”, lo enfermaran a balazos,  para más tarde, en 1966, y después de propiciar el derrocamiento del primer gobierno democrático en 32 años, colocarnos a su delfín más ilustrado y cínico, hasta que en 1978, Peña Gómez convenció a los liberales de Wahington de que el PRD no era un peligro.

Recientemente, una llamada imperial permitió sacar al desgastado PLD del poder y llevar al Palacio Nacional a un Luis Abinader (PRM), cuyos planes reformadores -Pacto Fiscal justo con revisión de exenciones, un ministerio público enfrentando a corruptos y corruptores-  no serán posible sin la protección del ogro imperial que debe ayudarle a frenar los ímpetus de una élites locales que tiran a matar si consideran que corren peligro sus privilegios ancestrales.  

A Borges no le abandonó nunca la sombra de haber sido un desdichado. En cambio, a la República Dominicana le ha perseguido siempre, desde el 12 de octubre de 1492 exactamente, y hasta ayer como a las siete, la maldición de ser la frontera de todos los imperios.

No puedo decirlo de mi hermano Sócrates McKinney Vitiello, pero es cierto, “a veces los familiares pueden ser los peores… el Tío Sam, por ejemplo”. Con permiso.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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