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El padrefamilismo militante y el Club de los Pendejos

Lo que recientemente logró una “inmensa minoría” de ciudadanos ante el poder de la partidocracia y su empecinamiento en nombrar a un alto dirigente político como Defensor del Pueblo, es lo que tendrá que hacer el gobierno frente al padrefamilismo militante que, apoyado unas veces en su vocación violenta y otras en unas carencias económicas no siempre ciertas, logra burlar las mismas normas, leyes y reglas que las autoridades aplican con mano de hierro a la amplia clase media, fuente originaria del Club de los Pendejos.

Lo que ocurre en el tránsito y el transporte público en particular es un buen ejemplo del drama institucional que vivimos, al punto de que la institución creada para regularlo, el INTRANT, ha sido entregada a CONATRA en pago a favores recibidos.

En el país, cada día aumentan los casos de víctimas de enfermedades de las vías respiratorias debido, entre otras razones, a las emisiones contaminantes de cientos de miles de automóviles a los cuales el Estado es incapaz de aplicar una revisión anual (La Revista) y sacarlos de circulación cuando su nivel de contaminación ponga en peligro la vida de los demás. Para no hablar de quienes al ocupar áreas protegidas ponen en peligro la vida de los 21 millones de habitantes de la isla; o de los facinerosos del colmadón y sus ensordecedoras bocinas que, sospechosamente, ni ven ni oyen las patrullas de la Policía, muchas veces con semanal incluido.

Son múltiples los ejemplos y urgentes las decisiones.

El padrefamilismo de unos no puede afectar la vida de todos. Lo que en el parque nacional Valle Nuevo inició Francisco Domínguez Brito, interrumpió un ministro de corazón minero, y ha retomado con juveniles brios Orlando Jorge Mera, debe continuar sin contemplaciones, al fin,  “si el hombre está vivo el agua es la vida”, que canta el Serrat.  

El padrefamilismo militante -y a veces violento- de dueños de chatarras rodantes, de colmadones bullosos o asesinos de lo verde, no puede estar por encima del derecho de la todas las familias dominicanas a seguir viviendo en una isla que sin agua sería apenas un agreste erial de sed y muerte.

PD: Y lo más grave: cuando alguien justifica su inconducta con el argumento de que es un “padre de familia”, bueno sería preguntarle si piensa que el resto de los ciudadanos somos los hijos de la Gran Bretaña. Con su permiso.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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