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Dictadura (del insulto) con respaldo popular

Cuentan que las monjitas de un convento denunciaron que en la residencia de al lado, unos señores se bañaban desnudos en una piscina. Ante la denun­cia, el agente que acudió al lugar de los he­chos, preguntó cómo era posible que ellas vieran el desnudo de sus vecinos, si a las casas de ambos las separaba una pared de dos metros. A esto, la madre superio­ra respondió: “Es que en el patio del con­vento tenemos una escalera de tres me­tros”. ¡Toma ya!

 

Como estas monjitas anda un alto por­centaje de nuestros ciudadanos que in­dignado habla horrores de los contenidos de las redes sociales y los medios tradi­cionales, pero, al mismo tiempo los con­sume con morboso fanatismo, lo que re­presenta el triunfo del agravio sobre el argumento, de la descalificación sobre el razonamiento. La dictadura del insulto con respaldo popular.

 

Los contenidos de redes y medios son cada vez peores, porque peores son las preferencias de quienes los consumen y al consumirlos les dan vigencia. Como ocurre con tantas otras cosas, -con los cargos de elección popular, por ejemplo-, también en la comunicación tenemos lo que con nuestra sintonía hemos decidido tener, y lo demás es pose e hipocresía, re­acciones de “doña Dora”, escrúpulos de María Gargajos.

 

Muchos no lo saben, pero existe todo un protocolo para comunicar con éxito en re­des y medios desde la maledicencia, la pro­vocación y el abuso. Es un método que en el país ya tiene sus príncipes venerados, sus temidos sicarios que, a este paso van cami­no a convertirse en candidatos al Congreso, en aspirantes a la presidencia de la Repúbli­ca, sin que sea descartable su triunfo.

 

La estrategia utilizada podrá ser todo lo perversa, coprológica y cobarde que Ud. quiera, pero ella ofrece el tipo de co­municación que prefieren nuestros ciu­dadanos, y los ratings y las audiencias lo confirman.

 

Es un protocolo dedicado a explotar las miserias humanas y el morbo de un ciudadano que de los medios y las redes no quiere información ni análisis porque prefiere el espectáculo del insulto, la hu­millación y el ultraje a los demás, conven­cido erróneamente de que la descalifica­ción del otro lo califica a él como mejor ser humano, como si tildar de enano a los demás aumentara nuestra estatura. Y así vamos, como las monjitas del convento, subiendo voluntariamente la escalera de nuestras humanas miserias.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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Un comentario

  1. Muy cierto Pablo!! Recibo a diario miles de comentarios sobre temas morbosos e historias o chistes llenos de un desagradable mensaje que quien comenta al publicarlo le promociona. Ya ni los abro. Es la poca educación virtual y la cultura de la calle.

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