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Un ejemplo de comunicación exitosa

El tipo de comunicación que prefieren los ciudadanos en este tiempo, a lo que me referí el martes pasado, tiene su modelo y para explicarlo, nada como un ejemplo. A continuación, veamos cómo se compone este son para la explotación del morbo y las miserias humanas, en este siglo XXI donde se ha hecho realidad el sueño neoliberal donde cada cual aspira a ser la empresa de sí mismo, olvidando que “lo mejor de nosotros son los otros”, que somos los demás de los demás, que cantaba don Alberto Cortez.

Todo comienza cuando uno de los talentos del programa, -siguiendo un guion-, insulta al invitado. El show (léase “pela de lengua”) explota en las redes de unos ciudadanos a quienes no les interesa la reflexión sino la lapidación, el asesinato mediático del otro.

Ante el irrespeto, la dirección del programa suspende al talento y otra vez estallan las redes. La polémica está servida. Conocida la suspensión, el afectado se excusa arrepentido, y la telenovela continúa, con el éxito esperado.

Horas después, la dirección del programa medita sobre la posibilidad de dejar sin efecto la decisión, lo que provoca que los seguidores del espacio se expresen a favor o en contra de la medida, y las redes y los ratings vuelven a estallar.

Finalmente, la dirección del programa deja sin efecto la “suspensión”, y el show del reintegro es el colofón de este exitoso modelo de comunicación, gracias al cual, los directores y/o propietario del medio serán cada vez más poderosos, influyentes y decisivos en la política y la empresa con lo que eso significa política y económicamente.

Esta manera de hacer radio o televisión llegó para triunfar y por lo mismo para replicarse; siendo como ya es, expresión de los más bajos instintos, los demonios que posee el animal homo sapiens, y que durante milenios, la educación, la cultura y la mejor literatura ayudaban – más o menos a controlar.

Culpas son del tiempo y no de España.

Uno reitera el reconocimiento a modelo y sus propulsores locales, mientras las heces verbales coronan a una sociedad del espectáculo y el mal gusto, que reina democráticamente, por decisión popular, y de forma tan execrable que ni el mismísimo Guy Debord, autor de la indispensable y visionario obra “La sociedad del espectáculo”, y de donde partió Vargas Llosa para escribir la civilización de lo mismo, pudo imaginar jamás.

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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